La oración contemplativa es un estado interior
Xavier Melloni es experto en mística y diálogo interreligioso. Jesuita, antropólogo, teólogo y estudioso de fenomenología de la religión. Con una vida espiritual muy intensa y para la búsqueda, como acompañante espiritual integra elementos de diversas tradiciones.
Brevemente. ¿Qué es la oración contemplativa?
Lo que caracteriza la oración contemplativa es el estado de quietud y de silencio. Es un tipo de oración que llega en un momento determinado de la vida. No se la escoge, sino que le es dado un deseo de más silencio, ir a lo que hay de esencial, de permanecer solo en la Presencia de Dios. Ya no se necesitan ni palabras, ni ideas ni imágenes. Uno se encuentra en una actitud de recogimiento y al mismo tiempo de apertura ante esta Presencia. Poco a poco, todo se va poniendo en su sitio y la mirada sobre la vida se transforma.
La oración contemplativa, ¿tiene un origen cristiano o procede de las religiones orientales y ha sido cristianizada?
La oración contemplativa existe en todas las tradiciones que, como digo, no se trata de una técnica, sino de un estado interior, y, naturalmente, también existe en el cristianismo. Si vamos a los Evangelios, descubriremos que detrás de San Juan hay una persona contemplativa. En su Evangelio, Jesús dice cuarenta y cinco veces «permaneced». «Permaneced en mí como yo permanezco en el Padre». Este permanecer es la esencia de la contemplación. Esto lo comenzaron a vivir los Padres del Desierto y después los monjes; en la Iglesia de Oriente, la práctica de la oración del corazón está muy difundida. Otra cosa es que la propagación actual de la oración contemplativa haya sido impulsada por las tradiciones orientales. A mi modo de entender, la razón está en el hecho de proponer unos ejercicios muy concretos y compartibles por todas las confesiones, como es la atención a la respiración, la repetición de una palabra, la importancia de la postura, la importancia de vivir en el momento presente, etc.
¿No existe el riesgo de que este tipo de oración sea elitista e intimista?
El silencio no abstrae, sino que desvela, te hace más atento, sensible y disponible a todo. Ahora bien, el riesgo es todo. Todo es susceptible de deformarse o degradarse. En la vida espiritual hay que estar siempre alerta, hay que ser vigilante. Interioridad no se opone a exterioridad, sino a superficialidad. Por otra parte, el hecho de que se trate de un fenómeno tan generalizado indica que no es elitista sino que responde a una necesidad de nuestro tiempo. Nunca una civilización había sido sometida a un ritmo de vida como el nuestro, nunca el ser humano había recibido tantos impactos sensoriales y cognitivos como hoy. Hay una necesidad cultural y psicológica de detenerse. Esto no es todavía propiamente la vida espiritual, la que conlleva un camino de total entrega, pero explica el hecho de que este tipo de oración esté más y más extendida.
En un periodo de tu formación estudiaste a fondo la tradición cristiana oriental, ¿fue en ese contexto como te acercaste a la oración contemplativa?
El primer contacto con la espiritualidad cristiana de Oriente fue en mi adolescencia, al leer Los relatos de un peregrino ruso. Me produjo un gran impacto y empecé a practicar la oración del corazón. Después, cuando estudiaba teología, pude aproximarme a la espiritualidad de la Iglesia de Oriente en hacer la tesina sobre la Filocalia, lo acababa de ser traducida entera del griego al francés. Con este trasfondo, mi estancia en la India durante un año, ahora ya hace 18, supuso un punto de inflexión. Años más tarde conocí el P.Franz Jalics, también jesuita, y en él encontré la síntesis que buscaba.
¿Qué te ha atraído de esta oración para ejercitar cotidianamente e incluso ofrecer espacios de aprendizaje en un lugar tan ignaciano como la Cueva de Manresa?
Los Ejercicios de San Ignacio se pueden abordar desde diferentes niveles: en clave penitencial (primera semana), en clave de discernimiento y de seguimiento (segunda semana), y también en clave contemplativa, que es donde culminan: en la Contemplación para alcanzar Amor, una oración que se abre a la contemplación de Dios en todas las cosas. Por lo tanto, creo que tiene mucho sentido que en la Cueva de Manresa, donde San Ignacio comenzó a elaborar los Ejercicios, se pueda ofrecer el último estadio. Él mismo tuvo importantes experiencias místicas, la más importante de las cuales fue lo que llamamos «la iluminación del Cardoner». Esta experiencia responde plenamente al estadio contemplativo.
¿Qué dirías a alguien que siente atracción o curiosidad por este tipo de oración?
No es lo mismo la atracción que la curiosidad. Si únicamente siente curiosidad, no perdería demasiado el tiempo con esa persona, pero si realmente se siente atraída, le animaría a adentrarse sin miedo, al contrario, con plena confianza y generosidad, porque es una llamada de Dios y también una necesidad para nuestro mundo que haya personas que vivan esta dimensión.
A través de relaciones personales y lecturas has conocido la figura y la aportación espiritual de Chiara Lubich. ¿Crees que la oración contemplativa puede ayudar a la vivencia de esta espiritualidad? ¿Por qué?
He quedado muy impresionado leyendo los escritos de Chiara Lubich. Es alta mística lo que ella vivió y ello solo se puede llegar a través de la contemplación. Me parece que la vocación de los Focolares es esencialmente contemplativa. Su carisma acentúa las relaciones interpersonales, pero por qué estas no se saturen, necesitan de la anchura y profundidad que da la contemplación, por qué hace trascender las situaciones inmediatas en un horizonte donde únicamente Dios es el centro.
Alguna vez te he oído decir que este tipo de oración es muy válida para el diálogo interreligioso, ¿por qué?
Porque el corazón de la experiencia religiosa, allí de donde provienen y donde tienden todas ellas. El silencio nos despoja de todo. Solo desposeídos podemos ser poseídos por Dios. La oración silenciosa es humilde, ancha y profunda. Humilde porque ayuda a aceptar todo lo que nos queda por saber; ancha porque ensancha el corazón y la mente, y profunda porque da sabiduría, la sabiduría necesaria para reverenciar la experiencia religiosa de las otras tradiciones. Las religiones están llamadas a encontrarse para adorar juntas el Misterio. Si hiciéramos verdaderamente esto, nuestras disputas, prejuicios y suspicacias desaparecerían al instante y seríamos un testigo de fraternidad y reconciliación en nuestro mundo.
¿Por qué consideras que este tipo de oración se va extendiendo en varios ámbitos secularizados o no confesionales?
Hay mucha gente que busca a Dios pero no se siente cómoda en el marco de una religión, porque las religiones tienen el peligro de creer que lo saben todo sobre Dios y tienden a descalificar a los que no creen como ellos. El silencio contemplativo permite que cada uno haga su propio proceso y llame Dios o el Absoluto según lo honestamente sienta. Ya en los primeros siglos del cristianismo se tuvo conciencia de que Dios está más allá de lo que podemos pensar o decir de Él. Así lo expresaba un himno de San Gregorio Nacianceno: «O Tú, el más allá de todo, ¿con qué otro nombre podría llamarte? Porque no hay ninguna palabra que pueda expresarte, (…) ». Dios está más allá, pero también más acá, las dos cosas son inseparables. Esto es lo que puede unir creyentes y los que llamamos no creyentes, pero que sienten la proximidad de una Presencia que no saben nombrar.
Lucas Cerviño | Nómada de ese latido de Vida y Amor que sostiene y alimenta la realidad.Teólogo para los ámbitos académicos. Para los amigos, buscador sediento de espacios interculturales y sapienciales que armonizan la diversidad y las diferencias.
Entrevista publicada en la revista número 166, de agosto del 2016.
Acerca del autor
Ciutat Nova: Revista trimestral donde descubrimos y compartimos historias y proyectos inspiradores y cercanos para fortalecer #vínculos positivos. #diálogo

Gracias por proclamar estas verdades que tanto se necesitan en nuestros días, pues las religiones de hoy perecen por faltarles esta sabiduría. Osea, silencio, meditación y contemplación. Gracias Javier Meloni, Pablo d’ors, Jose F moratiel, a ellos, los catolicos de Republica Dominicana lo necesitamos urgentemente.