No hace mucho tiempo que he oído la expresión «6º continente» refiriéndose a los 250 millones de personas que se mueven, que migran, hacia los países más desarrollados. Y me ha impresionado: ¡los flujos migratorios son tan grandes en todo el mundo que llegan a equivaler a un continente en movimiento constante!

Me he entretenido a hacer una investigación no profunda sobre el tema y me he dado cuenta –reconozco mi ignorancia– que las referencias al 6º continente existen ya desde hace al menos unos cuatro años. Por lo tanto, tómense estas consideraciones no como un estudio a fondo sino como unas reflexiones que nacen a partes iguales de la cabeza y del corazón, y que querrían llegar a implicar las manos, las manos de todos.

Hoy día hablamos del problema de la inmigración, pero quizás es más adecuado hablar de «movilidad humana», porque es un fenómeno complejo, al que hay que acercarse tanto a partir de los puntos de origen, de donde salen los emigrantes, como a través de los destinos, donde llegan (o no) los inmigrantes. Nótese que estamos hablando siempre de las mismas personas, con sus derechos universales; ellos son los protagonistas.

En Europa vivimos la llegada de las poblaciones subsaharianas y magrebíes a través de la costa mediterránea; también llegan por la puerta de Grecia quienes huyen de los conflictos bélicos, casi endémicos, de Oriente Medio.

En los últimos meses se nos hace presente por los medios de comunicación el recorrido a pie de poblaciones de Centro América hacia el gigante estadounidense. Y también el continuo emigrar de venezolanos hacia los países vecinos.

Ahora ya no se habla tanto, pero hemos conocido el éxodo de la población rohingya del Myanmar hacia países limítrofes, como Bangladesh.

Y seguro que hay muchos más ejemplos de grandes movilidades humanas en curso, que, a pesar de este mundo globalizado, desconocemos con detalle.

Ha sido así en la historia de la humanidad desde siempre. Las primeras migraciones se han debido a causas climáticas, como las glaciaciones, que han empujado a los seres humanos a buscar territorios más adecuados para la vida.

El Pueblo de Israel emigró de Egipto porque era oprimido en aquella civilización.

El avance de los pueblos bárbaros fue facilitado por la decadencia del Imperio romano. A su vez, la debilidad de los visigodos en la Península Ibérica favoreció la entrada de los pueblos del norte de África, que apoyaban a uno de los pretendientes al reino visigodo, y posteriormente, de los árabes.

Los flujos migratorios hacia el continente americano a lo largo de los siglos se explican por las numerosas posibilidades que abría el nuevo continente. Pero en el siglo XX, se han producido movimientos en ambas direcciones, por diversas motivaciones, políticas o económicas.

Y dentro de Europa, también: basta pensar en los emigrantes españoles de los años 60 que llegaban a Alemania, Suiza, etc. O más recientemente los originarios del sudeste de Europa hacia países con más recursos.

El deseo de viajar mueve también a la gente, pero no llega a generar un auténtico flujo de muchísimas personas, simultáneamente, desde el mismo punto de origen y hacia el mismo destino. El origen del 6º continente no es este deseo personal de descubrir mundo; son otros los motivos, como se comprende del repaso no exhaustivo realizado: la opresión y la violación de los derechos de las personas y de los pueblos, la pobreza, la falta de recursos, de seguridad, de opciones de vida para el futuro…

Así ha sido siempre. ¿Cuál es la diferencia con el actual 6º continente? ¿Cuál es la clave, el elemento añadido en nuestro tiempo, que hace especialmente compleja y preocupante la situación? Que ahora se cierran las puertas, se levantan las barreras, no hay acogida. Pasa en Ceuta, en los puertos del Mediterráneo, en la frontera entre México y EEUU… Continuad la lista.

Pero… ¿qué nos está pasando? ¿Cóomo es que no nos reconocemos de la misma familia, del mismo género humano? ¿Cómo se nos ha olvidado, si lo llevamos en los genes? Son preguntas retóricas, que quieren expresar la más grande perplejidad…

Mil razones esgrimirán algunos para justificar las vallas y las barreras y mil razones más se encontrarán para hablar de acogida. En este tema y en cualquier otra cuestión polarizada de nuestros días habrá que hacer un cambio de mentalidad, una especie de «reset» interior, profundo, personal y colectivo para avanzar en humanidad, o quizás mejor decir, para volver a los nuestros orígenes, a nuestras raíces más humanas.

Amparo Gómez

Ciutat Nova és una part de mi. Sóc llicenciada en Filologia Hispànica i amb formació en periodisme, un tàndem ideal per a una amant de les llengües, de les paraules i de la comunicació. Mitja vida a València, on he nascut, i mitja vida a Catalunya, un altre bon tàndem…

Ciutat Nova es una parte de mí. Soy licenciada en Filología Hispánica y con formación en periodismo: un tándem ideal para una amante de las lenguas, las palabras y la comunicación. Media vida en Valencia, donde he nacido, y media vida en Cataluña: otro buen tándem…
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