Primero de los dos artículos con temática europea que nuestros colaboradores nos ofrecerán durante este periodo de campaña electoral


Ha empezado una nueva campaña electoral y el próximo 26 de mayo nos encontraremos una vez más ante las urnas. Esta vez, en el caso de Cataluña, para votar los dos extremos. Una papeleta para la política más cercana, la municipal, y otra para aquella que percibimos más alejada de nuestra realidad cotidiana, Europa. Per, ¿de verdad que Europa está lejos? Creo que haríamos bien en ir cambiando esta percepción. En primer lugar, porque nosotros también somos parte de esta Europa en construcción y, en segundo lugar, porque posiblemente lo que se decide en las instituciones de la Unión Europea, acaba afectando a nuestra vida de cada día, más de lo que nos creemos.

Claro que, además de la aparente lejanía, la Europa que se va configurando puede no gustarnos. Es posible que creamos que se está perdiendo una gran ocasión para construir una verdadera Europa de los pueblos, con toda su riqueza de diversidades. También es posible que nos disguste una Europa basada excesivamente sobre las relaciones económicas, dominada por el poder económico, donde a menudo los estados hacen de meras comparsas y donde las personas, las ciudadanas y ciudadanos, quedamos siempre en un segundo plano. Quizás tampoco compartimos una Europa en la que parece que la democracia quede, con demasiada frecuencia, enterrada bajo un puñado de euros. Todo este conjunto, podría llevarnos a pensar que nos encontramos ante una crisis sistémica de legitimidad de las instituciones europeas. Pero, posiblemente se trata más bien de una grave crisis coyuntural de consenso sobre sus políticas.

Para caminar hacia la Europa que queremos, sus instituciones no disponen de un exceso de poder centralizador. Al contrario, deben trabajar desde una dramática carencia de instrumentos de gobernó en todo lo que se refiere a las materias estratégicas: política económica, fiscalidad, política exterior, defensa, migraciones… Los Estados miembro retienen, aún hoy en día, el derecho de veto e incluso la competencia exclusiva. No deberíamos perder de vista que el intento de construcción europea es estructuralmente pluralista y gradual, inspirado por los principios del consenso y la libertad. Los tratados europeos afirman que el objetivo es constituir una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos (con el lema ‘in diversitate concordia’), a diferencia de los Estados Unidos de América que, bajo el lema ‘e pluribus unum’ pretenden alcanzar la unión más perfecta.

Tratándose pues de un proceso abierto, creo que haríamos bien en depositar con responsabilidad nuestro voto, para que sea posible iniciar un proceso de reconfiguración política, tal como propone Pasquale Ferrara[i], que prescinda de enzarzarse en interminables reformas de los tratados y que supere el fracaso de redacción de una ley fundamental europea, apostando por una opción política fundamental para Europa que vaya más allá de la dimensión meramente reguladora y explicite la finalidad y el alcance de las opciones políticas de la Unión. Algunas de las ideas fuerza de esta reconfiguración que podrían permitir revitalizar el proyecto colectivo de una Europa de las personas, podrían ser las siguientes:

  • Una soberanía europea que no cancele las naciones europeas, basada en el principio de subsidiariedad.
  • Los parlamentarios europeos deberían ser elegidos por circunscripciones transnacionales, formadas al menos por tres países.
  • Promover y favorecer una economía basada en el trabajo. La Unión Europea debe fundamentarse en la prioridad y la dignidad del trabajo, estableciendo programas para la inserción de los jóvenes y adoptando medidas estructurales para la creación de ocupación estable y de calidad.
  • La Unión Europea debe ser un espacio de solidaridad y de justicia social para todas las personas que residen en ella.
  • Establecer herramientas de conocimiento de la historia común y de la identidad europea, desde la integración de las culturas, tradiciones y raíces diversas. Este trabajo debería afrontarse des de los currículums educativos, pasando por una reformulación de los programas Erasmus, la potenciación de un servicio de voluntariado europeo…
  • Garantizar la libre circulación de personas y trabajadores en cualquier circunstancia y sin discriminaciones.
  • La Unión Europea debe ser un espació de seguridad, protección y promoción de los derechos humanos fundamentales y de las libertades civiles y políticas para todo el mundo que viva en ella y no sólo para sus ciudadanos.
  • Los ciudadanos europeos deben tener un deber de lealtad y respeto en relación a sus instituciones y de solidaridad y hospitalidad en relación a sus conciudadanos europeos.
  • La política migratoria debe ser una competencia exclusiva de la Unión e inspirarse en criterios de humanidad, solidaridad y con una justa distribución de las responsabilidades entre los Estados miembro.
  • Unificación de las fuerzas armadas nacionales, eliminando duplicidades y provocando un ahorro que pueda invertirse en sectores de desarrollo alternativos. Tomar también iniciativas integradas de protección civil y para las misiones de mantenimiento de la paz y humanitarias.

Estas diez propuestas y muchas otras pueden ser elementos que se puedan poder sobre la mesa europea en función de los resultados de las próximas elecciones. La participación es pues imprescindible si no queremos que esta crisis coyuntural que afecta profundamente a la construcción de Europa, se convierta en estructural afectando el proyecto de forma imprevisible. Las urnas, esta vez serán receptoras de nuestras opciones para decidir qué convivencia queremos para nuestro pueblo o ciudad, en el marco de una casa común europea que debería cobijarnos a todos con nuestras identidades y diversidades.


[i] FERRARA, P (Gener-Març 2019). Per una sovranità democratica europea. Nuova Umanità. (Volum 233), pàgines 9-25


 

Francesc Brunés

Col·laborador habitual de Ciutat Nova i també ... professor d'economia (jubilat), pare de dues filles, gironí d'adopció d'esperit universal, defensor de causes més o menys perdudes i, quan cal, conferenciant i tertulià.

Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), padre de dos hijas, gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas y, cuando hace falta, conferenciante y tertuliano.
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