¿Qué significa “aprender”? ¿Significa jugar? ¿Es ir a la escuela? ¿Saber adaptarse a les convenciones sociales, laborales, éticas…? Una entrevista a André Stern que necesita ser leída con espíritu abierto, con voluntad de reflexión crítica alrededor de lo qué platea y, porque no, también respeto a todo eso que tenemos asumido como incuestionable.

¿Por qué tu último libro se llama ‘Jugar’? ¿Qué quieres transmitir?

¿Te has preguntado nunca qué hace un niño cuando lo dejamos tranquilo? Cuando dejas a un niño en paz, lo primero que hace es jugar. Lo más interesante es que todos los niños juegan, sea cual sea su vida: en el lujo, en la miseria o en medio de una guerra. Por lo tanto, si es tan importante, ¿por qué los molestamos continuamente para que dejen de jugar? Para aprender no hay mejor manera que jugar.

Es decir, ¿qué lo mejor sería que los niños jugasen todo el día? ¿Sin ir a la escuela?

Yo no hablo nunca de la escuela porque no me gusta hablar sobre ningún método. Yo hablo de la infancia. No critico nunca la escuela, de hecho, trabajo con gente de la escuela. No se trata de criticar ni de estar en contra de nada. Se trata de hablar de una cosa de la que nunca se habla, del niño.

¿Por qué crees que jugar es más importante que ir a la escuela?

Yo no hago jerarquías, solo digo que jugar es lo más importante. Se acostumbra a hacer sinónimas las palabras infancia y aprendizaje y no tienen nada que ver. Creemos que los niños son lo que aprenden, pero aprender no es alguna cosa que exista así porque sí. Nuestro cerebro no está hecho para memorizar información, la información tiene que activar nuestros centros emocionales para ser memorizada. Si esto no pasa, la información entra por una oreja y sale por otra. Por eso, casi todo el mundo ha olvidado el 80% de lo que ha aprendido. No porque seamos malos alumnos, sino porque no nos interesa. El 20% que no hemos olvidado, es el 20% que nos ha interesado de verdad.

¿Nunca te pasó por la cabeza ir a la escuela?

¡Nunca! Si hubiera querido, hubiera podido ir. Tengo que confesar que, sin intentar hacer ningún proselitismo, los mensajes que me llegaban de la escuela no eran nada inspiradores. Yo podía jugar todo el día y los otros niños y niñas no porque tenían que estar en la escuela y después hacer los deberes. ¡Los otros niños que sabían que yo no iba a la escuela me decían que tenía suerte! Es como mis hijos, si un día me pidieran de ir a la escuela, podrían ir.

Es decir, ¿Tus hijos no van a la escuela?

No, no los llevamos a la escuela. Pero no es un dogma. No quiero cambiar un dogma por otro dogma. Hay niños que no van a la escuela y tienen curiosidad de ver qué es durante un par de días. Lo más divertido es que los niños que lo piden, cuando van, todos dicen lo mismo: es interesante pero no tengo tiempo de ir a la escuela.

¿Qué hay de distinto entre tu experiencia de no ir a la escuela y la de tus hijos?

El mundo. El mundo ha cambiado, por ejemplo, con la aparición de todo el mundo digital. Hay cosas a las que mis hijos pueden acceder fácilmente que yo no podía. Pero la infancia no ha cambiado, los niños siguen siendo los mismos, tienen las mismas ganas de jugar.

¿Qué relevancia tiene la infancia en esta sociedad?

La infancia nos concierne a todos. El día que te dijeron que te iban a querer más si llegabas a ser el concepto que ellos tenían de ti, te hicieron una herida. Todos llevamos esa herida, desde pequeños nos han dicho: tienes que cambiar, tienes que esforzarte, tienes que progresar. Dejar tu estado actual y evolucionar hacia un estado mejor y esto es muy ofensivo. Es de esto de lo que hablo.

Qué estrés para los niños.

Claro, es como una olla exprés. Te han dicho que te tienes que portar bien, que tienes que escuchar porque si no escuchas no sacarás buenas notas, si no sacas buenas notas, no tendrás una buena carrera y si no haces una buena carrera, no tendrás ningún título y si no tienes ningún título, no tendrás un buen trabajo, si no tienes un buen trabajo, no tendrás dinero y si no tienes dinero no tendrás marido, ni hijos, ni casa, ni perro… Ni nada. Yo no critico ni elogio ningún método, solo digo que se tiene que abrir esta olla exprés. En resumen, los niños tiene que sentir que los queremos tal y como son, te quiero porque eres como eres.

 

Alguna vez te he oído hablar sobre que creamos guetos con los niños, ¿qué quiere decir?

La infancia es un gueto porque creamos comportamientos, actitudes y objetos especiales y reservados solo para la infancia. Tenemos una manera de hablar a los niños y niñas que solo usamos con ellos. Nos comportamos con los niños de una manera completamente diferente de la que lo hacemos con los adultos. Y esto a los niños y niñas no les gusta porque tienen un radar muy potente para captar la discriminación. Es el famoso edadismo.

¿Edadismo?

Sí, la discriminación por edad. El caso es que los niños son muy leales con nosotros y ellos mismos acaban construyendo los muros de sus guetos. Es esta idea que el adulto es el educador y el niño el que tiene que ser educado.

¿Y cómo tendríamos que acercarnos a los niños?

No tengo ni idea. Si lo supiera, estaría intentando venderte un método y yo hablo de una nueva actitud y esta nueva actitud es ver el mundo a través de los ojos de los niños. El que ha creado el gueto hacia los niños es la falta de confianza, una moción de censura hacia ellos. La verdadera confianza que lleva a un amor incondicional es que yo te quiero porque eres como eres. Una vez nos demos cuenta de esto, la mejor manera de acercarnos a los niños es una cuestión personal de cada uno.

Y el juego, ¿qué papel tiene en todo esto?

El juego es una manera de ver el mundo. La manera lúdica de enfrentarse al mundo es la única manera que tenemos de aprender. Yo trabajo con científicos y es a la conclusión a la que han llegado últimamente.

¿Has dejado de jugar en algún momento?

Nunca, el juego no es una ocupación, es la única actividad que activa nuestros centros emocionales.

Si la única actividad que mueve nuestro centro emocional es el juego, entiendo que hablas del juego en un sentido muy amplio. Es decir, si yo estoy leyendo y me emociono, ¿estoy jugando?

Sí, es la actitud lúdica, el juego es la manera que tienen los niños de vivir las cosas. Porque los niños y niñas son el que juegan. Es su manera de coger seguridad en este mundo.

Jordina Costa | Periodista de formación pero actualmente se dedica plenamente al proyecto Tell Fusta, una empresa de elaboración de juguetes de madera para potenciar el aprendizaje y la psicomotricidad de los más pequeños. El encuentro con André Stern fue en Barcelona dentro del marco de su conferencia organizada por Jugar i jugar, Grapat y Editorial Litera.  

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