A lo largo de este mes de enero, la palabra ‘año’ parece estar de moda, se utiliza con mucha frecuencia. Ha terminado un año, recién empieza otro, la gente se felicita el año, … Quizás por esto, mi nieto pequeño me hace esta pregunta: Abuelo, ¿qué es un año? Le pido si en el colegio le han explicado alguna cosa y me dice: Sí, pero no me acuerdo. Entonces, desde la habitación contigua, se oye la voz de su hermano que dice: Un año son 265 días. Pero el nieto pequeño no queda satisfecho y me dice: ¿Por qué un año tiene 365 días?

Mi respuesta intenta ser entendedora, pero una palabra lo lía todo: “aproximadamente” 365 días es lo que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol. Y continúa preguntado: Aproximadamente, ¿qué significa? Intento decirle que no es exacto, que es un poco más. Como no podía ser de otra forma, vuelve a preguntar: ¿Cuánto… 366 días? Le digo: No, menos. Esta respuesta indigna a mi nieto y me responde: Abuelo, siempre lo enredas todo.

Este diálogo es el reflejo de la historia del calendario. Un intento de cuadrar dos magnitudes ajenas, como son: el giro de la Tierra alrededor del Sol (año) y el giro de la Tierra sobre si misma (día); que no necesariamente tienen porqué cuadrar con números exactos. Por este motivo, la historia del calendario es larga y compleja. La Luna y sus fases, sirvió para lo que se denominó, calendario lunar. Parecía que después de doce lunas, las estaciones se repetían, pero con el paso de los años, las estaciones ya no coincidían con las doce lunas. Los cálculos hechos, sin demasiada precisión, aconsejaron añadir la llamada “epacta”, que sería como un añadido de once días a las doce lunas. Las doce lunas, serían 354 días, más la epacta de 11 días, eran los 365 días del año. Esta medida, fue adoptada por el Imperio romano, con el llamado calendario Juliano, en honor a Julio César.

Fue en el año 1582, cuando el Papa Gregorio XIII, consciente de que el cálculo no era exacto y que, con el paso de los siglos, Pascua acabaría cayendo en verano, encargó al jesuita Cristopher Clavius, el cálculo más exacto posible entre dos equinoccios vernales. El resultado fue esta cifra: 365,242189… de forma que fue necesario ajustar el calendario añadiendo un día cada cuatro años, pero excluyendo los años acabados en dos ceros, alternativamente, uno sí, uno no. El cálculo del equinoccio en una primera aproximación era sencillo, cuando el día tenía 12 horas y la noche también. Esto se producía cuando la línea Tierra/Sol era perpendicular al eje Norte/Sur de la Tierra. Esto ocurre el 20 de marzo y el 23 de setiembre. En el primer caso la Luna está en la constelación de las Balanzas y, en el segundo caso, es el Sol quien se encuentra en Balanzas. Esta imagen del equilibrio día/noche, bien representado por las balanzas, puede ser también una invitación a nuestro equilibrio personal. Aprender a ser conscientes de todo lo que recibimos gratuitamente y de todo aquello que deberíamos donar, también gratuitamente.

Antoni Pedragosa

Llicenciat en Ciències Químiques, Màster en Astronomia, casat amb la Blanca, dos fills, quatre nets, col·laborador habitual de Radio Estel, Ciutat Nova, i CAT-Diàleg. Assessor ocasional de la Eurocamara en temes de medi ambient.

Licenciado en Ciencias Quimicas, Màster en Astronomia, casado con Blanca, dos hijos, cuatro nietos, col·laborador habitual de Radio Estel, de Ciutat Nova i de CAT-Diàleg. Asesoramientos especiales en la Eurocamara,en temas de medio ambiente.
Antoni Pedragosa

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