Tener al jeque Khaled Bentounes en La Manga del mar menor (Murcia) para el Seminario & Congreso Internacional en el que participaron jóvenes de diferentes países, era una oportunidad que no podía rechazar. Poder entrevistar a una eminencia como él en el campo de la interreligiosidad y la convivencia es algo que solo se presenta pocas veces en la vida y negarse hubiera sido una total irresponsabilidad. Esta entrevista, pues, se tiene que leer des de la reflexión con la mente completamente abierta.

¿Qué es el camino sufí Alawiya?

Alawiya, con una historia de ocho siglos, empezó aquí, en Murcia, con Abu al-Abbas al Mursi, un maestro sufí del siglo XIII. El hecho de volver aquí y poder decir a jóvenes que sus ancestros vivían juntos cristianos, judíos y musulmanes es genial. Estos ancestros eran hombres y mujeres que ensayaron la construcción de esta sociedad de convivencia que queremos reconstruir. La herencia de los Alawiya es una escuela de pensamiento sufí que proviene de hombres como Abu al-Abbas al Mursi, Ibn al Arabi, también murciano o Abu Madyan, nacido en Cantillana (Sevilla). Así pues, el Al Ándalus en España es la prueba histórica de que esta convivencia ha existido de verdad.

Y usted afirmaba que esta convivencia entre religiones hoy nos puede servir como modelo, como ejemplo. ¿De qué manera?

Cuando visitas la Alhambra de Granada y descubres todo su legado histórico te preguntas qué ha pasado durante todos estos años. Siglos atrás había hombres y mujeres vivían juntos, sin distinción de raza o religión. Imaginad el efecto que tendría sobre la conciencia de los jóvenes actuales, a los cuales les decimos que todo es confrontación, el simple hecho de que conocieran toda esta conexión histórica, filosófica, arquitectónica, cultural, religiosa, científica… Las piedras de Granada nos hablan.

¿Cuál es el principal reto de la humanidad hoy en día?

La humanidad tiene un destino y nos encontramos en un punto de cambio y el reto de hoy en día es reconsiderar nuestro recorrido. Además, la humanidad es como un cuerpo con sus distintos miembros al que tenemos que ver como un conjunto. En AISA estamos trabajando para llegar a una reconciliación entre los miembros de este mismo cuerpo. Aspiramos a una unificación entre las personas, pero se trata de una unificación que debe conservar las diferencias entre cada miembro: el brazo, la mano… Unidad en la diversidad. No se trata de escoger entre la mano derecha y la izquierda. No podemos escoger entre un ojo y el otro, tenemos que utilizar los dos, y hacerlo adecuadamente.

Usted habla del “advenimiento de la convivencia”, de algo que esperamos…

Sí. Tenemos que pasar del acontecimiento al advenimiento. Es necesario dar cuerpo y alma a esta Convivencia, ante todo a través de una educación hacia la Cultura de Paz. Hoy en día hay que volver a trabajar sobre el sentido de la nueva humanidad porque si no las próximas generaciones tendrán muchos problemas a todos los niveles.

El diálogo interreligioso tendría mucho que ver con esto, ¿no?

Y tanto. El diálogo interreligioso es fundamental. Llevo más de 45 años trabajando en este campo y me he dado cuenta que se hace entre la élite, así que creo que hay que darle una nueva visión. Hace falta llevarlo a las escuelas para enseñar la cultura de la paz a las nuevas generaciones. Y tiene que hacerse a distintos niveles: la cultura de la paz y la cultura para la paz, que no son lo mismo.

Usted resume su propuesta en 4 puntos.

Se trata de sumar cuatro recomendaciones muy sencillas que todos – musulmanes, budistas y cristianos- podemos poner en práctica: La paz, la ayuda a los necesitados, reforzar los lazos de fraternidad y rezar y meditar de noche cuando la gente duerme porque es cuando estás con Dios y nadie más.

¿Que le impulsó a proponer a la ONU el día internacional de la convivencia en paz?

Tuve la suerte de tener unos maestros de los que aprendí una visión de la humanidad como una familia: que la unidad divina y la unidad humana son lo mismo, que cuando hablamos de Adán y Eva, entendemos que todos descendemos de una misma familia. Y yo trabajo para regresar a esta noción fundamental de que solo hay una humanidad. 

El 2016, en Estambul, la ONU celebró una cumbre humanitaria mundial en la cual se trató por primera vez esta noción de humanidad. Allí nosotros pedimos a las Naciones Unidas que otorgasen un estatuto jurídico a la humanidad. Tenemos los Derechos Humanos, de las personas, pero no tenemos los derechos de la humanidad. Y nosotros pedimos allí que en todos los niveles escolares y universitarios se enseñe esta dimensión de una humanidad indivisible aunque con diversidad de colores, religiones, lenguas y filosofías. Y para evitar las catástrofes que pueden venir hace falta enseñar que somos hermanos los unos de los otros. De allí surgió el Día Internacional de la Convivencia en paz que se celebra cada 16 de mayo.

¿Cómo se puede fomentar en la Europa actual esta convivencia en paz? A veces, hay comunidades que, viviendo en la misma ciudad nos damos la espalda.

Se empiezan a hacer cosas. El noviembre pasado, en Berlín, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán invitó a un grupo de 30 expertos mundiales para hablar de cómo trabajar este punto en las escuelas alemanas, de cómo fomentar el conocimiento entre los pueblos. Es el primer país que hace un paso adelante en este sentido. Otros ejemplos serían Etiopía, que es el primer país africano que ha creado un Ministerio de la Convivencia y de la paz. También Canadá, que ha introducido la convivencia en los currículum escolares… Algo se mueve. Lentamente, pero se mueve. En Valencia, la UNESCO local y el Ministerio de Asuntos Exteriores francés han organizado un evento con intelectuales y políticos para pensar el futuro.

Pero la cosa más extraordinaria ha sido la beatificación, el pasado diciembre, de 19 monjes que fueron asesinados en Argelia. Es la primera vez que se celebra una beatificación de mártires católicos en un país musulmán. 1200 personas, cristianos, musulmanes, representantes de distintos gobiernos, todos juntos para beatificar a unos monjes. Así es como hay que trabajar por los jóvenes. La educación es la base.

¿Cómo hay que hacer para ser un buen fukar?

Los fukares son seguidores de la cofradía sufí Alawiya, son gente humilde que colabora en su tiempo libre y me gustaría que fuese una escuela del futuro, la casa de la paz. Son los “fukares de Dios”, cada uno a su manera. Dios sabe lo que hay en el corazón de cada uno de nosotros. Cada uno vive la religión a su manera y nadie puede ser repudiado. Hay un verso coránico revelado al profeta en Medina que está relacionado con la historia de un litigio entre un padre, que se convirtió al islam, y sus hijos. Antes de que el profeta llegara a Medina y el padre se convirtiera, este mandó a sus hijos a estudiar a Siria. Al volver, el padre les habló de un nuevo profeta al que tenían que conocer. Los hijos se negaron porque ya tenían una religión y no la querían cambiar. El padre pidió consejo al profeta y este le dijo que no les podía obligar a elegir la religión que él había escogido.

Y a nivel personal. ¿Cómo se conjuga un hombre de contemplación con un hombre de acción?

Se trata de la horizontalidad y la verticalidad. La horizontalidad consiste en trabajar en el mundo y la verticalidad en trabajar sobre los valores: bondad, igualdad, amor, fraternidad… Para que la humanidad tenga la conciencia de que antes que ser blanco, negro o de una religión concreta, todos somos hermanos. Solo se valora lo material, queremos mejorar materialmente, pero este materialismo nos lleva a la catástrofe. El cambio climático, el consumo, la destrucción de la naturaleza… Tenemos que reintroducir los valores, buscar los valores universales en todas las tradiciones.

¿Qué les diría a los musulmanes que lean esta entrevista?

Que lean la historia del islam en España. En el Al Ándalus el domingo era una iglesia, el sábado una sinagoga y el viernes una mezquita. ¿Es posible esto hoy en España? La primera persona que lo hizo así fue el mismo profeta Mohammed, que permitió a los cristianos celebrar la misa de Pascua en la mezquita de Medina.

A menudo, los llamados “occidentales” tenemos una imagen de los musulmanes como extremistas.

Porque no nos conocemos. Precisamente por esto es importante incluir la cultura de la paz en los programas escolares.

Por lo que se refiere a la mujer, tenemos una imagen que no se corresponde a la que el islam le otorga realmente.

Efectivamente. Yo nací en un lugar de gente muy creyente. Era una comunidad de 120 personas que convivían juntas y la responsable era una mujer. Cada año pasan por allí entre 5.000 y 10.000 personas y quien lo dirige todo es una mujer. El problema del islam actualmente es que hay países con muchos recursos materiales que han convertido la religión en una ideología política y de poder. Y como tienen muchos medios utilizan un concepto que ellos llaman islámico pero que no tiene nada que ver con esta religión. Solo se sirven de la religión para hacer política.

Para que os hagáis una idea, en estos momentos hay 800.000 mujeres musulmanas que tienen el papel más relevante en el mundo islámico: juezas, imanes, políticas que dirigen países, ulemas que explican el Corán, que enseñan en La Meca… Vosotros tenéis a Ibn Arabi, que nació aquí. Su maestra fue una mujer y, así como él es conocido mundialmente, nadie sabe quién es ella. En este contexto la cultura es muy importante porque la cultura es memoria y poco a poco tenemos que ir desmontando este entramado para ver la realidad que hay detrás. 

Juan Fernández | Maestro de Educación Primaria y colaborador en varios medios de comunicación; entusiasta de las relaciones sociales y muy implicado en la vida de mi ciudad: Caravaca de la Cruz.

Artículo publicado en la revista número 178, Luz Invisible, ya disponible en Amazon.

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