Primera publicación del canal temático dedicado a los niveles de consciencia y la evolución espiritual. Tendrá una periodicidad mensual y se puede seguir clicando sobre la categoría que identifica el canal.


FORMACIÓN EN LOS NIVELES DE CONCIENCIA Y LA EVOLUCIÓN ESPIRITUAL 

Todas las personas que participan en una formación espiritual, intentan hacer camino de evolución espiritual, tienen la intención de seguir adelante y la buena voluntad de no abandonar el proceso. Esta buena intención se manifiesta a dos niveles: 

  • Primero: mediante el aprendizaje y el conocimiento intelectual. Seguimos los cursos. Estamos atentos y receptivos. Acumulamos toda la información y el conocimiento que recibimos. Estamos abiertos y bien dispuestos. Perfecto. Es una parte importante, porque, para poner un ejemplo, ningún médico puede serlo si no estudia profundamente, si no recibe todos los conocimientos de su especialidad médica, si no está estudiando constantemente los nuevos descubrimientos y avances de la medicina. Si sólo se quedara en los conocimientos y no los llevara a la experiencia con su praxis médica, difícilmente ayudaría a sus pacientes. Por lo tanto, la profundización en los conocimientos sobre los Niveles de Conciencia, tal como los ha investigado el Dr. D. Hawkins, es fundamental.
  • Segundo: habiendo tomado la decisión sincera de convertir todo el “saber” que ofrecen los cursos en experiencia, en vivencia, es cuando verdaderamente se produce la evolución espiritual.

Este segundo paso es importantísimo: De hecho, es el objetivo de esta formación, en la cual, uno de los elementos esenciales es la intención, la decisión y la responsabilidad de querer hacer un proceso, por lo tanto, de proponerse seriamente evolucionar espiritualmente. Esto comporta una voluntad espiritual honesta, sincera, íntegra, de querer vivir en la verdad del SER.

Comporta, como consecuencia, afrontar todos los muros, todos los impedimentos que los posicionamientos del ego nos ponen cada día, cada mañana, delante nuestro para que no demos un solo paso hacia el cambio.

Es aquí donde nos encontramos con la dificultad fundamental, el muro del ego. Un muro hecho de hábitos recurrentes y profundamente arraigados, continuamente reforzados, que nos hacen creer que, sin esos hábitos, (personajes, creencias, posicionamientos) no seremos capaces de funcionar en  la vida de acuerdo con los valores más elevados de las cualidades del SER.

La característica fundamental de un hábito es que se trata de un pensamiento, sentimiento o actitud, de tal modo repetido que llegamos a considerar que es nuestra verdadera identidad. Esto es lo que el ego nos hace creer: “Cada hábito es mi identidad”.

Hemos ido forjando los hábitos del ego desde que teníamos uso de razón, pero de manera inconsciente, simplemente para sobrevivir. De pequeños, nos impregnamos de los programas, las opiniones, creencias, las normas que recibimos de nuestro entorno familiar, escolar y social. Se nos “educa” a partir del nivel de consciencia de las personas que más influencia tienen en nuestra vida afectivo-emocional. Los premios y los castigos forman parte de este proceso “educativo”, relacionado estrechamente con los valores, creencias y experiencias de los adultos con los que convivimos desde que nacemos.

OBSERVEMOS NUESTRO ENTORNO 

Si observamos a la gente, ¿Con qué realidad nos encontramos?

La mayoría de las personas parecen adultas pero, en realidad, desde un punto de vista emocional, gran parte de ellas son todavía niños.

Si nos observamos a nosotros mismos honestamente, tendremos que reconocer que las emociones y las actitudes de la infancia siguen activas y las manifestamos en la vida adulta, pero se esconden bajo una terminología racionalizada de personas adultas.

La realidad es que todos llevamos dentro de nosotros el niño y la niña, digamos el yo pequeño que trata de vivir imitando ser un adulto. El “niño interior”, de cual tanto oímos hablar, no está en realidad en el interior, ciertamente, está bastante “fuera”.

A medida que las personas crecen, se identifican con diferentes modelos y copian lo que creen que son los comportamientos y los estilos adultos.

Si estuviéramos dispuestos a reconocer el yo pequeño que llevamos dentro, nos daríamos cuenta de que muchas de nuestras actuaciones y reacciones cuotidianas forman parte de los posicionamientos del ego. De hecho, nos relacionamos con personas que actúan a partir de programas y de situaciones hipotéticas con las que se identifican, como lo hace el niño. Y nosotros no somos una excepción.

Observando el niño pequeño, podemos percatarnos de que, al igual que la mayorías de los animales, ya muestra curiosidad, autocompasión, celos, envidia, competitividad, rabietas, estallidos emocionales, resentimientos, odios, rivalidades, competitividad, se compadece de sí mismo, trata de estar por encima de los otros y de que se le admire, intenta salirse con la suya, sea como sea, culpa a los otros, niega las responsabilidades, insiste en que los otros están equivocados, busca favores, colecciona “cosas”, presume, a menudo miente, y muchas otras reacciones. Todos éstos son atributos del niño pequeño. Digamos que algunas de estas reacciones las seguimos observando y, en algunos casos, las sufrimos de personas con las que nos relacionamos.

Si observamos las actividades diarias de la mayoría de los adultos, nos daremos cuenta de que, de estas reacciones, son muy pocas las que realmente han cambiado. Nosotros mismos, con un mínimo de consciencia de honestidad, a veces, nos lamentamos de que repetimos las mismas reacciones emocionales descritas y hemos aceptados que, algunas de ellas, forman parte de nuestro carácter o personalidad. A menudo, oímos la expresión: “Yo soy así”. Bajo esta auto-definición, suele haber un sentimiento de resignación: “No hay nada a hacer”.

Las personas que cultivan una vida espiritual llevan años haciendo ejercicios espirituales o retiros y, al final de éstos, escriben los propósitos que desean mejorar o cambiar. ¿Cuántos años hace que van repitiendo los mismos? Algunas personas se dan por vencidas.

Esta constatación, si la observamos en nosotros mismos, nos ayuda a desarrollar cierta comprensión compasiva, en lugar de condenar. Pero primero, nos hemos de perdonar a nosotros mismos de lo poco que hemos avanzado espiritualmente, después de muchos años.

La tozudez y la oposición, que son características del niño de dos años de edad, continúan dominando muchas personalidades bien entradas en años.

Ocasionalmente, las personas también se las ingenian para ir de la infancia a la adolescencia con su personalidad y convertirse en buscadores incansables de emociones que desafíen al destino. A partir de la primera adolescencia y en la primera juventud, les preocupa el cuerpo. Los músculos, los “ligues”, la popularidad, la fama, el prestigio y las conquistas románticas y sexuales.

En este periodo de la vida, los jóvenes tienden a mostrarse complacientes, afectados, seductores, glamurosos, heroicos, trágicos, teatrales, dramáticos e histriónicos. Las tipologías clínicas del psicólogo norteamericano T. Millon, dejan extensa y profunda investigación y constancia de 10 personalidades clínicas que describen estas conductas.

Cada uno de nosotros, a medida que nos hacemos adultos, somos el resultado de impactos emocionales de los que nos hemos defendido con las herramientas que hemos podido tener y con los recursos que el propio entorno familiar nos ha permitido expresar. La realidad es que, con todo este bagaje, cargado de historias de sufrimiento y también de éxitos, intentamos sobrevivir como adultos, sin tener en cuenta, por ignorancia, la base sobre la que hemos construido nuestra “personalidad”.

En mi trabajo de psicólogo clínico y con la experiencia de más de 35 años acompañando procesos terapéuticos, puedo afirmar que la persona que pide un acompañamiento psicoterapéutico, o simplemente pide hacer un proceso de crecimiento personal, llega con un nivel de consciencia cargada de esfuerzos, de aciertos y de errores, pero, sobre todo, de historias y personajes de los que, de la mayoría, ella no es consciente.

Hacer conscientes las historias de no amor, los guiones de estos personajes a los que nos hemos habituado a vivir, hasta el punto de identificarnos tanto con ellos, que nos creemos que somos así y que difícilmente podemos cambiar. Muchas personas no creen en la posibilidad de cambiar. Aparentemente, algunas ya se encuentran bien con estas historias y guiones de vida. Otras, sufren y se quieren liberar de ellos. Lo que unos y otros no saben todavía es que reconocer el bajo nivel de consciencia en que se encuentran, implica una gran humildad y conocimiento del nivel de consciencia, al que todo el mundo está llamado a evolucionar. Esta toma de consciencia compromete la responsabilidad de cada persona, lo que no todas están en condiciones de asumir. En este caso, no hay posibilidad alguna de hacer un proceso y de evolucionar espiritualmente.

Nos encontramos con adultos que continuamente se defienden, se justifican, no aceptan ningún reproche, percibiendo los reproches como un ataque, teniendo una enorme necesidad de sobresalir, de hacerse el centro, de tener razón, de ser reconocidos, viviendo buscando siempre el reconocimiento del exterior; algunas personalidades viven en la permanente mentira, que ellas mismas se fabrican y se creen. En el núcleo de otras personalidades, hay miedo a la soledad, al fracaso, al rechazo, a no valer, al abandono. Así, podríamos denominar los trazos del eneatipo del eneagrama, y  todos formamos parte de alguno de ellos.

El camino hacia la vida adulta puede describirse como un camino de supervivencia. Todos, quien más quien menos, tratamos de sobrevivir de aquellas heridas de no amor, para simplificarlo un tanto, de las que fuimos víctimas.

La mayoría no es consciente de quién es el que ha de coger las riendas para ayudarnos a sobrevivir y, honestamente, hemos de referirnos al ego.

Utilizamos, a menudo, la palabra “ego”, pero pocas personas están dispuestas a conocer su ego y las consecuencias de su actividad en la vida adulta.

Con el ego, es imposible ser feliz, porque pocas personas están dispuestas a transcender sus posicionamientos, programas, creencias y condicionamientos.

Mientras creamos que los hábitos del ego son nuestra identidad, nada cambia en nuestra vida. Seguimos repitiendo, cada día, los mismos pensamientos, las mismas emociones, las mismas actitudes, las mismas conductas.

El ego llega incluso a hacernos creer que asistiendo a cursos, haciendo terapia, aprendiendo muchas técnicas, recursos, nuevos descubrimientos científicos, rituales, plegarias, guías, meditaciones, retiros, dinámicas fabulosas, espiritualidades, etc. cambiaremos y mejoraremos. Y no es así. No es más que una de sus estrategias para que todo siga igual, bajo su control y dominio. Incluso sucede esto cuando el ego se filtra en el terreno espiritual, entonces, se reviste de ego espiritual.

Si queremos evolucionar espiritualmente, de forma honesta, íntegra, seria, nos hemos de hacer responsables (=responder) del nivel de consciencia en el que nos encontramos, causa de todos los desequilibrios emocionales que sufrimos, y de cuál es el nivel de consciencia en el que nos sentiremos libres de los posicionamientos del ego.

Digamos enseguida que los niveles de consciencia del ego son los niveles de las emociones negativas que nos mantienen en la falsedad. Nos referimos al orgullo, a la ira, al miedo, a la culpa, al sufrimiento, a la incapacidad, a las afecciones, a las atracciones y a las aversiones, a la no valía, a la soledad, al sentimiento de separación de nosotros mismos, de los otros y de Dios. Todas estas energías constituyen el terreno del ego, de la falsedad, de la no integridad, de la no verdad.

Mientras que los niveles de consciencia que atribuimos al SER son los niveles caracterizados por las cualidades del SER: la valentía, la neutralidad, la voluntad, la aceptación, la razón, el amor, el amor incondicional, la compasión, la bondad, la humildad, la paz, y todos los valores más elevados del Espíritu. Estos forman el nivel de la Verdad.

Para sintetizarlos, decimos que constituyen nuestra CONSCIENCIA SUPERIOR.

CONSCIENCIA SUPERIOR 

Ahora bien, es importante partir de la definición clara de qué es la CONSCIENCIA SUPERIOR.

CONSCIENCIA SUPERIOR no quiere decir creer que eres más que los otros porque sabes y has aprendido muchos conocimientos espirituales, teológicos, filosóficos, científicos, conocer muy bien los niveles de consciencia, saber mucho sobre muchas cosas, etc. Nada de eso. Sería engordar el ego.

CONSCIENCIA SUPERIOR no es posición alguna de superioridad respecto a los demás, sobretodo de los que no hacen cursos, de los que están en niveles de consciencia por debajo de 200, que es el nivel que calibra la energía del ego y de cada una de sus emociones negativas. Nada de todo eso.

CONSCIENCIA SUPERIOR es simplemente la cualidad del SER, que el Dr. D. Hawkins define como la Presencia de lo Divino en nuestra vida. Aprendemos a tener consciencia del SER a medida que nos abrimos y hacemos camino hacia la CONSCIENCIA SUPERIOR DEL SER, puesto que es su esencia. El SER está libre de todos los programas que definen el ego, comenzando por el programa “yo sé”. Este programa es el que define la característica fundamental del ego humano. El ego puede saber muchas cosas, pero lo que el ego no sabe y no está dispuesto a saber es que no lo sabe todo.

CONSCIENCIA SUPERIOR es simplemente responder de forma responsable a la llamada que el SER, la PRESENCIA DE DIOS, hace a todos ya que todos tienen el libre albedrío para responder o dejar de hacerlo.

CONSCIENCIA SUPERIOR significa responder libre y conscientemente a la llamada, a la intencionalidad, a la voluntad espiritual de hacer conscientes los programas del ego, reconocer sus consecuencias en la vida, y entregarlos a Dios. Si a alguien no le gusta la palabra Dios, puede quedarse con la expresión CONSCIENCIA SUPERIOR, Inteligencia Universal, o, simplemente, puede utilizar la palabra SER, en contraposición a la palabra ego, sinónimo de no-ser.

CONSCIÈNCIA SUPERIOR significa hacerme responsable de responder a la llamada del SER, vivir y experimentar las cualidades del SER, hasta convertirme en el SER que ya SOY, pero que el ego me impide ver que el SER es mi verdadera IDENTIDAD.

CONSCIENCIA SUPERIOR significa aprender a vivir en la forma, desde la no forma. Quiere decir introducir las cualidades del SER en la vida cotidiana, en las realidades que hemos de afrontar, en los problemas que hemos de resolver. Quiere decir que toda la realidad que el ego nos ha habituado a vivir desde la forma material nos proponemos afrontarla desde las cualidades informes del SER. ¿Cómo? Desactivando los hábitos recurrentes del ego y activando las cualidades del SER. En el ciclo de tres cursos estudiamos y aprendemos unas y otras, y ahora las queremos convertir en experiencia.

CONSCIENCIA SUPERIOR significa afrontar el yo pequeño, sus hábitos y programas,  mediante los cuales yo repito día tras día, pensándolo, diciéndolo y comportándome de esta manera: no valgo, no soy capaz, no tengo bastante, el otro debería ser diferente, la vida tendría que ser diferente, siempre me encuentro con las mismas dificultades, es muy difícil cambiar, el mundo es malo, hay mucho egoísmo y maldad, etc. Afrontar el yo pequeño es un trabajo fundamental para hacer camino. Tengo que aprender a aceptarlo y amarlo como es, porque sólo así se siente comprendido para hacer pequeños cambios progresivos. Y cuando digo el yo pequeño, me refiero a amar mi yo pequeño, porque si no amo el mío, no puedo amar el yo pequeño de los otros. Los juzgo porque me juzgo y así justifico mi incapacidad para amarme y amar. Parece una contradicción y no lo es, ya que para avanzar hacia la CONSCIENCIA SUPERIOR, sólo se avanza mediante el continuo ejercicio del amor y amor incondicional. Esto ya puede parecer difícil para muchos, pero la verdad es que sólo crecemos, sanamos, maduramos, evolucionamos gracias al amor.

CONSCIENCIA SUPERIOR quiere decir entrar progresivamente en la comprensión de los problemas que me condicionan y me mantienen repitiendo los mismos bucles egoístas y narcisistas de siempre, como son las energías negativas del ego. Y, para avanzar, es de ayuda hacerme preguntas de este tipo y contestarme, con ganas de decirme la verdad:

  • ¿Cómo es de fuerte y presente el orgullo en mis relaciones, en mis conductas?
  • ¿Cómo son de intensas y frecuentes mis reacciones de ira? ¿Soy consciente de que bajo cualquier reacción de ira encontraré siempre expectativas frustradas?
  • ¿Qué fuerza tienen las expectativas, aversiones, atracciones y afecciones? ¿Soy consciente de que las expectativas son un mecanismo de lo evocado siempre en la frustración?
  • ¿Con qué frecuencia el miedo condiciona mis decisiones? ¿Soy consciente de los tres motores del miedo: juicio, expectativa, amenaza?
  • ¿Cuáles son mis sufrimientos de siempre? ¿De qué padecimientos me quejo siempre? ¿Soy consciente de que cualquier sufrimiento es una pura consecuencia de las resistencias a reconocer la verdad que no me atrevo a mirar?
  • ¿Cuáles son las “incapacidades” que me atribuyo, en forma de creencias y de vivencias que me han llegado a hacer creer “soy así”? ¿Soy consciente de que de tanto reforzarlas me hacen creer incapaz?
  • ¿Qué culpas arrastro, conscientes e inconscientes, con las que intento complacer y aplacar el dios antropomórfico en el que creo? ¿Soy consciente de que este dios, en minúscula, no es el Dios misericordioso?
  • ¿Cuáles son los elementos de no valía, de separación, de soledad, de miedo al abandono, al rechazo, a ser ignorado, excluido, del amor de los otros y del amor de Dios?

CONSCIENCIA SUPERIOR quiere decir tener activas las cualidades del SER:

  • ¿Ejercito el coraje delante de las dificultades cuotidianas? ¿Tengo incorporada la sana creencia de que cada dificultad es una oportunidad para evolucionar espiritualmente?
  • ¿Activo la neutralidad, escogiendo vivir en la verdad, aceptando la vida tal como se me presenta, aceptando cada dificultad como una oportunidad para trascender el ego?
  • ¿Estoy dispuesto a vivir y ejercitar la voluntad espiritual que se apoya en una Voluntad Superior, como es la de la CONSCIENCIA SUPERIOR INFINITA, de quien me fío, sabiendo que todo lo que me pasa es para aprender, evolucionar y ser más feliz? ¿Me lo creo?
  • ¿Pido guía y ayuda a Dios o a la Consciencia Superior o a la Inteligencia Universal, para ejercitar la voluntad espiritual?
  • ¿Acepto que TODO ES COMO ES? ¿Acepto que todo lo me pasa forma parte de un propósito superior para aprender, para evolucionar hacia niveles de consciencia superiores?
  • ¿Utilizo la razón para reforzar los posicionamientos del ego o me abro a la luz del amor?
  • ¿Dejo que el amor ilumine mi razón, los conocimientos, mis capacidades intelectuales?
  • ¿Dejo que el amor ilumine mi razón, los conocimientos, mis capacidades intelectuales?
  • ¿Dejo que el amor me guíe más allá del programa “yo sé” del ego?
  • ¿He de desarrollar el amor? ¿Soy consciente de los condicionamientos que todavía pongo al amor cuando digo que te amo? ¿Soy consciente de las condiciones con las que me amo y amo al prójimo? ¿Tengo la intención de amar sin poner condición alguna? ¿Pido el amor incondicional como mi manera de amar?
  • La Paz es una elección, no es ninguna conquista. ¿Vivo la paz como un regalo de Dios, del Universo, de la Consciencia Subjetiva Infinita?
  • ¿Me excluyo de alcanzar la iluminación porque creo que no soy digno, o que es muy difícil y solamente es para gente especial? ¿Me cuestiono para qué me excluyo? ¿Soy consciente de que la autoexclusión es cosa del ego y no del SER? ¿Soy consciente de que la iluminación es un regalo de Dios, del Universo, de la Inteligencia Subjetiva Infinita y que no es ningún mérito propio?
  • ¿Soy consciente de que el mérito o el demérito es un programa del ego y no del SER?

Todas estas cualidades del SER no tienen nada que ver con ningún mérito ni con ningún demérito. Las cualidades del SER no dependen del yo pequeño. Las tenemos todas a disposición, se manifiestan sin esfuerzo, son un regalo de Dios, no dependen del merecimiento, que es un programa del ego.

Tenemos el libre albedrío para escoger vivir al ritmo del ego o al ritmo del SER. Somos responsables de lo que escogemos. Vivir las cualidades del SER, implica poner la voluntad de nuestro yo pequeño en sintonía con una VOLUNTAD MÁS GRANDE, la de DIOS, la del Universo, la de la Conciencia Subjetiva Infinita.

El ego nos ha habituado a hacernos creer que es nuestra voluntad la que hace o deshace. El ego es un obstáculo y, a pesar de todo, los acontecimientos que escogemos vivir siempre llevan en sí mismos la posibilidad de un nuevo aprendizaje, de un paso más de evolución y de maduración espiritual.

No hemos de olvidar que hemos venido a la existencia con una tarea fundamental: evolucionar espiritualmente.

EL SER SIEMPRE LO TENEMOS A DISPOSICIÓN 

Todo acontece en función de lo que escogemos. La cuestión es que no escogemos sólo conscientemente. Muchas elecciones y decisiones que tomamos son hechas  inconscientemente.

Sólo necesitamos darnos cuenta de que somos un instrumento, un simple medio y que podemos hacer que funcione de una manera o de otra, que esté afinado o desafinado. Ser un instrumento afinado o desafinado depende de los hábitos recurrentes del ego o de la evolución  espiritual que hacemos, de la mano del Espíritu.

Por lo tanto, que yo sea un instrumento afinado no es mérito mío sino del Espíritu, que es ausencia de ego.

¿Cómo puedo dejar de ser un instrumento desafinado?

Simplemente, haciéndome consciente de que desafino. Darme cuenta de que me desafinan los programas del ego. A medida que los hago conscientes, puede comenzar a dejar que el Espíritu Santo me afine.

Date cuenta de que tenemos un problema de autoría. El ego pretende ser el autor de todo. Nos hace creer que somos los autores de los méritos y culpables de los errores. Y no se trata de hacer méritos, sino que se trata de SER.

Aceptar SER el simple instrumento en manos del Espíritu Santo. Y esto requiere valentía, neutralidad, aceptar la verdad. La única verdad es la del SER.

El peligro de confundirnos es la gran tentación que nos depara el ego en todas las historias, en las que nos convierte en protagonistas.

Abandonar el sentimiento de autoría del ego, abandonar el protagonismo, es una inmensa liberación. Nos sacamos un gran peso de encima cada vez que renunciamos a ser “actores”, “autores”, “protagonistas”. Nos hemos acostumbrado a eso desde pequeños. Desprendernos de estos protagonismos requiere una gran humildad.

Fijémonos en algunas reacciones del ego cuando funciona como actor-autor-protagonista: “He hecho lo mejor que he podido y no me felicitan, no se interesan por mí, no recibo el reconocimiento que esperaba, me han decepcionado, me enfado, protesto, reclamo, exijo, incluso puedo vengarme de muchas maneras”. El ego sabe vengarse de uno mismo y de los otros, con fuertes sentimientos de culpa, de incapacidad, de no valía, de baja autoestima, de orgullo, de vanidad, de narcisismo, de ira, de miedo, de sufrimientos, buscando continuamente compensaciones, hasta convertirlas en serias y destructivas adicciones. El ego es capaz de llevar la depresión hasta el suicidio, o hasta el asesinato de la persona que dice que ama.

Es capaz de llevar hasta la esquizofrenia, a los escrúpulos religiosos, a las somatizaciones más terribles, cuando el ego manifiesta toda la sombra en la que se recluye, se esconde y desde donde se defiende de la luz, del bien, de la bondad, de la compasión, del perdón, del amor incondicional.

El SER no necesita reclamar ninguna autoría, ningún protagonismo porque simplemente ES.

Para abandonar la autoría, basta sentir-me un simple instrumento. Un Stradivarius, por ejemplo, no se siente orgulloso de la calidad de la música que produce como instrumento. La más exótica orquídea no se enorgullece del perfume, la forma, los colores, la extraordinaria belleza que produce. Solamente el ego humano reclama el mérito, porque reclama la autoría.

CONCIENCIA SUPERIOR quiere decir sentirme gozosamente un simple instrumento en manos del artista, del extraordinario virtuoso que es el Espíritu Santo. Si me dejo en sus manos, El me afina y produce en mí sublimes melodías de las que yo no soy el autor, simplemente el instrumento afinado.

Sentirme instrumento, desvanece todo sufrimiento. El instrumento no se juzga a sí mismo, y mucho menos juzga al Maestro. Simplemente se deja en sus manos, sin ninguna resistencia. De esto se dice abandono, confianza, sometimiento gozoso y liberador.

RECUERDA CUANDO INICIASTE ESTE CAMINO DE EVOLUCIÓN ESPIRITUAL 

Lo iniciamos porque nos sentíamos mal, incompletos, no plenamente felices, con ganas de librarnos de las energías del ego, a medida que las íbamos reconociendo.

Nos sentíamos atraídos por las cualidades del SER y por el camino de evolución espiritual que nos ayudaría a vivir desde el SER.

Al principio, no sabíamos muy bien que era el SER, ni tampoco conocíamos a fondo nuestro ego. Desde pequeños, hemos sentido hablar del ego: “esta persona tiene un ego muy grande”.

Aprendimos que el trabajo de evolución consistía en abandonar los hábitos recurrentes del ego. Y comenzamos con muy buena voluntad a hacer ese trabajo.

Después de algunos avances, puede ser que nos demos cuenta de la dificultad de abandonar algunos hábitos del yo pequeño.

Seguimos experimentando culpa, por incapacidad, no valía, orgullo, nos enfadamos todavía. No somos bastante conscientes de que estamos en proceso de evolución espiritual. Esos momentos de aparentes fracasos o retrocesos nos desaniman, nos hacen pensar que no es posible, que no es para nosotros, y tenemos la tentación de abandonar y de volver atrás.

Simplemente, se trata de hacernos responsables de que afinarnos depende del Maestro y no del instrumento. Esto es muy importante: La clave está en reconocerme como un simple instrumento que se pone en manos del Espíritu Santo. De Él depende la evolución espiritual, el porqué del camino espiritual “yo, por mí mismo, no sé nada”. Esta es la gran prueba: Abandonarme al Espíritu Santo, porque  sólo Él puede introducirme en la CONSCIENCIA SUPERIOR.

Todo lo que sostiene la vida, ya viene con nosotros desde el momento en que nos piensa y nos crea. Nuestro ADN espiritual ya contiene el SER COMPLETO. Nuestra vida porta en sí todo el potencial para vivir la CONSCIENCIA SUPERIOR.

Hemos creído que todo esto nos lo hemos de ganar con esfuerzo y sacrificio. ¿Cómo podemos pensar que si estamos hechos de la misma Esencia Divina, nuestra vida no sea autosostenible? La sostenibilidad forma parte de nuestro ADN espiritual.

O no se nos ha explicado bien o no hemos tenido ocasión de aprenderlo, o no lo hemos entendido bien.

Evidentemente, el ego no se cree todo eso de la evolución espiritual. Según el ego, todo lo conseguimos a base del gran esfuerzo que él hace en nosotros y por nosotros.

Un punto esencial que hay que reflexionar es que la vida que vivimos la hemos escogido nosotros. Consciente o inconscientemente, siempre escogemos.

En realidad, se trata de escoger la vida que queremos vivir:

  • El ego siempre escogerá una vida ganada a base de sacrificio, esfuerzo, engaños, mentira.
  • Si escogemos el SER, nos hacemos responsables de escoger la plenitud, del completar todas las cualidades del SER, con todas las consecuencias sanas, buenas, positivas del SER. Puedo escoger la plenitud en todos los sentidos, ser completo en todos los niveles: mental, físico, espiritual, relacional, familiar, profesional, a nivel de salud, a nivel económico, a nivel de bienestar, de belleza, de gozo, a nivel de recursos.

Sólo hay que recordar que desde el SER escogemos la CONSCIENCIA SUPERIOR que ya somos. En cambio, desde el ego, escogemos lo que creemos que queremos ser, y esto genera expectativa.

Toda expectativa es un muro de separación entre lo que ya SOY y lo que quiero ser. El espacio que genera la expectativa me separa de la CONSCIENCIA SUPERIOR que ya SOY.

Hemos de cobrar consciencia de que lo que queremos ser parte de un inconsciente incompleto. Queremos tener más de todo lo que consideramos bueno. Queremos ser más que los otros. En el fondo de todo deseo, hay un sentimiento de carencia. La carencia es un posicionamiento sutil y engañoso del ego.

Cualquier expectativa nace de la carencia. La carencia genera expectativas. Las expectativas forman los programas típicos del ego.

El espacio que genera la expectativa entre lo que SOY y lo que quiero ser lo ocupa y lo gestiona el ego mediante sus posicionamientos.

La evolución espiritual se ocupa de eliminar el espacio de separación, No olvidemos que cualquier expectativa es un muro de separación entre el buscador y lo que busca. Y la REALIDAD es que no hay diferencia entre uno y otro. El buscador y la cosa buscada son una y la misma realidad, cuando aprendemos a vivirla (la realidad) desde el SER.

No se trata de construir ningún puente de A para alcanzar B, para alcanzar C… No hay ningún puente.

El SER no necesita ningún puente porque no ha de ir a buscar nada fuera de lo completo que ya ES.

Por eso, el SER no se mueve nunca de la REALIDAD que ES. I, ¿Cuál es la REALIDAD del SER?

La CONSCIENCIA SUPERIOR DEL SER funciona con el paradigma ABC COMPLETO.

ABC son la misma realidad. Todo depende de si nos lo planteamos desde la posición del ego o desde la CONSCIENCIA SUPERIOR DEL SER.

El ego funciona con el paradigma A que produce B, que produce C, etc. Es decir, el ego funciona con el modelo de dependencia newtoniana: A causa B, B causa C, C causa D y así sucesivamente. Por eso, siempre nos sentimos incompletos, frustrados, y las expectativas vienen siempre acompañadas del sentimiento de amenaza y miedo, por sí se nos frustran.

La CONSCIENCIA SUPERIOR del SER es quántica. Ella, en sí misma, es causa de todo lo completo. Por eso, el SER no tiene expectativas. Cuando aprendemos a vivir desde el SER, desaparecen las expectativas. Esto comporta un trabajo serio de evolución espiritual.

Vivir en un  nivel bajo de expectativas es un objetivo propio de un nivel consciencia muy evolucionado. A muchos, les parecerá una utopía, y se autoexcluirán sin que se den cuenta.

Joan Maria Bovet

Latest posts by Joan Maria Bovet (see all)

0

Finalizar Compra