Todo el mundo, de una forma u otra, transitamos. Este colectivo tan numeroso, especialmente en las áreas metropolitanas, no siempre da muestras de ser un colectivo bien avenido. Esta es la razón, entre otras, por la cual nuestra seguridad viaria no resulta del todo exitosa y nos ofrece, demasiado a menudo, estadísticas poco satisfactorias.

La pregunta de qué debemos hacer para mejorar la seguridad viaria, debería ir acompañada de ora cuestión: ¿qué debemos hacer para mejorar la relación entre los conductores? Generalmente no nos conocemos, pero compartimos un mismo espacio. Con todo, hay formas que invitan a la cordialidad y otras que no. Una cara crispada y malhumorada o bien un rostro acogedor y sonriente. Podemos tener un gesto que insulta o que saluda y cede el paso, si es el caso.

La palabra también puede ir del agravio que ofende, a la palabra amable que favorece el buen entendimiento y la convivencia. Expresión, gesto y palabra serían sólo un punto de partida, pero será necesario algo más. Es en las decisiones que tomamos durante la acción de conducir, donde radica la pieza clave de la seguridad viaria. Cuando se toma una decisión, es necesario observar antes el entorno y escoger el momento oportuno, en el que nuestra maniobra no perturbará al conjunto del tránsito.

En cambio, tomar decisiones precipitadas o de forma inesperada, que cojan por sorpresa al resto de conductores, conducen a generar situaciones de riesgo. La actitud correcta, sería aquella que no mira tanto el interés propio, sino el bien del conjunto. Sería sentirse como una gran familia que comparte un mismo espacio – la vía pública, la carretera – con un mismo objetivo: llegar a destino en buenas condiciones. Sin embargo, hay que reconocer que compartir conlleva un cierto esfuerzo.

No podemos olvidar que la sociedad de consumo en la que vivimos nos enseña a tener, pero no a compartir. Compartir implica poner en primer lugar el bien común, antes que el propio. Por tanto, implica un cierto sentido de renuncia. Renunciar al egoísmo del “primero yo” y optar por la generosidad del “primero tu”. Con la llegada del verano, el tránsito, especialmente durante los fines de semana, se intensifica. Es necesario en la medida de lo posible, adaptar los horarios de ida y vuelta a los momentos de menos tránsito, para redistribuirlo mejor y favorecer así una circulación más fluida para todo el mundo.

Pero lo que resulta más fundamental, es entender y vivir el hecho de transitar, como un espacio de convivencia benévola entre todo el colectivo de conductores de todo tipo de vehículos rodados y sin olvidar a los transeúntes, aquellas personas que transitan caminando.


 

Antoni Pedragosa

Llicenciat en Ciències Químiques, Màster en Astronomia, casat amb la Blanca, dos fills, quatre nets, col·laborador habitual de Radio Estel, Ciutat Nova, i CAT-Diàleg. Assessor ocasional de la Eurocamara en temes de medi ambient.

Licenciado en Ciencias Quimicas, Màster en Astronomia, casado con Blanca, dos hijos, cuatro nietos, col·laborador habitual de Radio Estel, de Ciutat Nova i de CAT-Diàleg. Asesoramientos especiales en la Eurocamara,en temas de medio ambiente.
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