Hay que consolidar un tejido social positivo que permita la convivencia armónica a todos los niveles, salvaguardando la identidad y la salud como personas, grupos o países, y a la vez actuando solidariamente. Esto significa aumentar la estima mutua entre los sistemas humanos y hallar vías operativas de comunicación de calidad para la negociación.


Entre los beneficios de la prosocialidad podemos resaltar la prevención de la violencia y la competitividad agresiva a medio plazo, con la consiguiente mejora del clima social, y el aumento de la inteligencia emocional y la salud mental e integral de todos los sujetos o grupos implicados.

Por lo que se refiere a las acciones que responden al comportamiento prosocial, destacamos la ayuda física o verbal, dar y compartir, el consuelo verbal, la confirmación positiva del otro, la escucha profunda y la empatía, la solidaridad y la cohesión y unidad.

Prosocialidad colectiva y estructuras. 

Sin embargo, si bien el individuo es fundamental, a la hora de considerar una optimización social, debemos afrontar imprescindiblemente lo estructural, lo social en su conjunto. En este artículo tomamos la ciudad como marco de referencia en el que la persona se modela, se conforma, se socializa.

La psicología interpersonal nos demuestra que una relación entre dos personas difícilmente será funcional, ajustada, armónica, madurativa e incluso durable si su convivencia se limita a una dinámica controlada por reglas, acuerdos o pactos negativos. Cualquier especialista trataría, pues, de construir un tejido de intercambios positivos que progresivamente fundamentaran nuevas actitudes.

Gracias a la teoría sistémica, hoy sabemos que es posible una cierta generalización de los procesos terapéuticos positivos, desde lo interpersonal a lo social, gracias a una relativa semejanza de las propiedades de todos los sistemas y de las relaciones entre ellos, desde los sistemas sub-átomicos hasta los macrocósmicos. Y posiblemente esta semejanza es mayor aún entre los sistemas personales y sociales.

Conocemos que los supra-sistemas condicionan los sistemas y estos a su vez los sub-sistemas, pero es también cierto que estos últimos influyen a unos y a otros. Del mismo modo, podemos decir que las estructuras, las leyes, las instituciones, conforman a los individuos, pero, igualmente, los individuos, las familias, los grupos informales, las organizaciones, las empresas, pueden ser activos agentes de cambio de la realidad social.


LOS FACTORES:

  • Respeto y estima para con el «desconocido», el antipático, el diferente.
  • Habilidades de relación interpersonal y social
  • Valoración positiva de las acciones del «otro»
  • Creatividad e iniciativa prosociales en la vida ciudadana
  • Comunicación de calidad prosocial
  • Análisis de alternativas prosociales en los conflictos
  • Generación de acciones solidarias.
  • Prosocialidad entre ciudades y pueblos

La ciencia, especialmente desde la pedagogía y la psicología, ha dejado de analizar y describir únicamente los obstáculos de las dinámicas sociales y se está comprometiendo en la búsqueda de estrategias que permitan señalar las vías optimizadoras para construir actitudes y comportamientos facilitadores de dinámicas sanas.

Existe, pues, una prosocialidad colectiva, es decir aquellas acciones colectivas prosociales puntuales, o aquellas características de grupos, colectividades o pueblos que se han perpetuado como típicas y que pueden reconocerse entre sus raíces, costumbres, tradiciones, refranes, historia, instituciones, personajes sobresalientes por su significación prosocial y, en definitiva, por la cota de civismo y ciudadanía.

La existencia de estos modelos colectivos de convivencia social nos permitirá ayudar a incrementar conductas grupales prosociales, tanto en el seno de estos como con relación a los demás.

La ciudad como modelo educante

En la ciudad, los líderes sociales, los legítimos y los espontáneos, deben ofrecer vías de intervención para facilitar las conductas concretas que alimentaran la identidad prosocial.

Un proyecto de optimización prosocial de la ciudad se basa en los siguientes valores:

  1. el respeto vital de la dignidad de toda persona
  2. la estima por el otro
  3. la comunicación de calidad

La aplicación de un programa de optimización requiere apuntar a quienes están animados por una conciencia y motivación para el cambio prosocial, ya que ellos darán el primer paso que se traduce en un coste o inversión de tiempo, energía i recursos.

En una ciudad contaremos, por un lado, con funcionarios y trabajadores de la administración local y de los servicios públicos en general, mientras que al otro lado tendremos a los receptores: los ciudadanos, personas que visitan la ciudad, grupos en riesgo de exclusión o en situaciones de marginalidad.

EL MODELO UNIPRO

La prosocialidad colectiva propone el modelo UNIPRO que se puede consultar en los enlaces y bibliografía al final del artículo. Se trata de promocionar grupos creativos de ciudadanos que mediante un método participativo elaboran una lista de comportamientos prosociales personales y de actuaciones sociales a aplicar después de los cursos de formación.

La formación ciudadana se realiza a partir de cursillos específicos para los agentes u operadores de cada servicio de la ciudad, y a través de los medios de comunicación para toda la ciudadanía, evitando no confundirse con la publicidad a veces engañosa, o con campañas promocionales y eslóganes.

También se planifican programas específicos para jóvenes, ancianos y grupos necesitados, así como un servicio de mediación prosocial, para ofrecer a la vida de los barrios, con posibilidad de intervención entre grupos en conflicto.


Para saber más:

Escritos socio-políticos. «La prosocialidad, alternativa de calidad para la vida ciudadana. Algunos elementos ilustrativos para un proyecto concreto» – Roche, R. (Ed). Ciudad Nueva – Buenos Aires 2010

rocherobert@wordpress.com

Robert Roche

Fundador i director de LIPA at Laboratori d'Investigació Prosocial Aplicada
Investigo des dels anys 80 si la ciència psicològica pot confirmar que estimar els altres és funcional per a la salut integral de la persona i per crear harmonia i unitat en les relacions interpersonals. N’estic convençut.

Investigo desde los años 80 si la ciencia psicológica puede confirmar que amar a los demás es funcional para la salud integral de la persona y para crear harmonía y unidad en las relaciones interpersonales. Estoy convencido de ello.
Robert Roche

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