DISCERNIR DESDE LAS CUALIDADES DEL SER

 Discernir es la voluntad honesta de darte cuenta de la falsedad del ego, de cómo, inconscientemente, te engaña bajo una capa de “buena intención”, del querer cambiar y vivir del SER. En realidad, es un engaño más del ego.

Discernir es darte cuenta de que quien gestiona tus pensamientos, sentimientos, sensaciones es el yo pequeño.

Para discernir, habitúate a observarte.

Si quieres ejercitar el discernimiento, has de recurrir a las cualidades del SER, comenzando en el nivel de conciencia de la razón, que calibra 400. La razón es una cualidad del SER, siendo una característica suya la inteligencia. El SER, en este nivel 400, es inteligente.

El ego no es inteligente, es astuto. El ego suple a la inteligencia con la astucia. Inteligencia y astucia son cualidades bien diferentes. Una define al SER, la otra, al ego.  

 ¿CÓMO LO HACE EL EGO?

 Ejercita la astucia mediante el chantaje emocional.

Para adquirir el control sobre tu yo pequeño, necesitas conocer cómo desenergetizar la astucia del ego y la energía que la sustenta, con la finalidad de vivir tranquilo, sereno, en paz y amor.

En el discernimiento, no valen justificaciones, racionalizaciones, etiquetas, interpretaciones, expectativas, análisis. Al analizar, sólo estás reforzando la actividad mental, que, al ser pura mentalización, es como el perro que quiere cogerse la cola y no para de girar sobre sí mismo sin conseguirlo. Cuando el yo pequeño da vueltas sobre sí mismo, es como una pequeña bola de nieve que se lanza desde la cima y, a medida que va rodando hacia abajo, se hace cada vez más grande. Este juego del yo pequeño, que consiste en dar vueltas mirándose a sí mismo, imposibilita el discernimiento, la toma de conciencia, la observación. Al final de cada juego, el yo pequeño se queda en el mismo nivel de consciencia inocente de siempre, porque se queda en la mente.

El problema del yo pequeño es que está identificado consigo mismo. Esta identificación le separa del SER. La solución de todos los problemas humanos la encontramos en el estado de unión con el SER, que es la PRESENCIA divina en nuestro interior.

Discernir permite recuperar partes inconscientes, mediante el ejercicio de observar con las condiciones descritas.

Es fácil entender la diferencia entre estas dos consciencias:

  • El SER es la consciencia consciente total. Es cuando soy consciente de ser consciente.
  • El yo pequeño tiene una parte consciente, evolucionada, sutil, pero conserva una parte inconsciente que tiene mucha energía, mucha fuerza, que controla y gestiona el ego. Es esta parte inconsciente la que genera tanto sufrimiento.

Se trata de desenergetizar la parte inconsciente del yo pequeño.

La experiencia de los maestros espirituales muestra que se desenergetiza mediante la observación completamente libre de expectativas y de cualquier emoción negativa.

Esto no quiere decir no tener pensamientos, sentimientos, sensaciones de angustia, de preocupación, de miedo. Van y vienen continuamente. Forman parte de la actividad de la mente

Justamente, tanto los pensamientos anticipados catastróficos como los recuerdos culpabilizadores del pasado surgen del arsenal de energías del ego, acumuladas en el inconsciente, objeto específico de observación.

Sabemos que cualquier sufrimiento es fruto de la resistencia que el ego activa para proteger los posicionamientos inconscientes en que nos tiene atrapados. Vistos desde el SER, el sufrimiento indica la presencia activa de los personajes que hemos de poner a la luz de la consciencia. Hasta que no alcancemos el estado de unión con la PRESENCIA DEL SER, la identificación con nuestros personajes es fuente de sufrimiento.

 DESENERGETIZA LOS SENTIMIENTOS DE VERGÜENZA, NO VALÍA, SEPARACIÓN.

 Aprender a desenergetizar el yo pequeño es desposeerlo de su energía, Se aprende practicando la observación.

Por ejemplo: Siento angustia al pensar en las consecuencias de algo que he dicho o hecho, o de algo que tendría que haber dicho o haber hecho de otra manera. La mente anticipa un pensamiento irracional catastrófico, que me genera angustia. La mente fabrica una fantasía irracional sobre algo malo que me puede pasar en el futuro o me conecta con las consecuencias negativas de un hecho pasado. Cualquiera de estos pensamientos desvela sentimientos y sensaciones de ansiedad, de preocupación, de angustia, de desasosiego, de miedo, de culpa, de incapacidad, de soledad, de no valía, de abandono, de no ser digno de amor y sí de castigo. Cualquiera de estos estados de ánimo es causa de sufrimiento. Son el núcleo de donde surgen nuestros personajes. Son los estados emocionales con los que el yo pequeño se ha habituado a sobrevivir. La fantasía de la mente es exuberante.

Cualquiera de estas sensaciones es la manifestación consciente que oculta la parte inconsciente del yo pequeño.

 ¿Cuál es la parte inconsciente que he de observar?

 Aprovechemos este primer ejercicio para centrar la observación en las emociones negativas correspondientes al nivel de la vergüenza. Por lo tanto, comienzo a observar los pensamientos de no valía, soy causa, no merezco, soledad, abandono, separación.

Sin querer cambiar nada, observo los sentimientos que experimento, y contacto con la sensación de angustia y sufrimiento.

Sin reprimirla ni ignorarla, conecto mentalmente con el SER, lo hago consciente, le pido luz, guía para que me ayude a aguantar el malestar. Me sitúo en el SER, miro, observo la sensación, el pensamiento, la emoción que me desasosiega y me hace sufrir. Me mantengo en esta actitud todo el tiempo que haga falta, sin etiquetar, sin esperar nada. Me permito no intervenir, como siempre he hecho, porque si intervengo, lo hará el ego huyendo, reprimiendo el malestar. Ahora, dejo que todo se desarrolle por sí sólo. Me confío al SER y dejo que él actúe.

Mantengo la actitud de observación repitiéndome la pregunta:

  • ¿Quién soy yo?

Dejo que me lleguen definiciones, percepciones, conceptos, experiencias sobre quién soy yo. Pero simplemente las miro y dejo que desfilen por la mente, sin seguirlas.

Mientras mantengo la observación, me vienen dudas; los pensamientos irracionales anticipadores y las memorias angustiosas del pasado persisten; de momento, no cambia nada; aparecen expectativas, juicios, etiquetas, interpretaciones, todo tipo de energías negativas, que justamente quiero entregar, pero persisten en la mente; mantengo la intención de observarlas y entregarlas; se repiten los mismos embates del ego que se resiste; invoco la ayuda del SER; poco a poco, mentalmente, me sitúo cerca del SER. Desde el SER, observo la no valía, el abandono, la soledad, el rechazo, la separación, el no merecimiento, el “soy causa”. Toda esta actividad de la mente, la observo y me doy cuenta de que forma parte de una dualidad: el que observa y la cosa observada.

Me mantengo firme mirando toda la actividad de la mente y, a fuerza de simplemente mirarla, poco a poco, me voy relajando. Tomo consciencia de que se trata de la actividad de la mente. En un determinado momento, me pregunto:

  • ¿Quién observa toda esta actividad de la mente?

Permito que la respuesta a esta pregunta abra un espacio dentro de mí, desde el que comienzo a distanciarme de estas energías negativas; observo cómo se abre un espacio vacío entre yo, que observo, y las energías negativas de la vergüenza observadas. Este espacio vacío me va distanciando y desidentificando de las energías de vergüenza. Poco a poco, me doy cuenta de que quien observo soy yo; adquiero plena consciencia; me voy convirtiendo en el testigo de mis personajes de vergüenza.

Cuanto más me desidentifico de los personajes de vergüenza, más siento “la PRESENCIA”. Poco a poco, me abro a ella, me entrego a ella, dejo que Ella se haga cargo de mí y de todo lo que observo. Desde esta PRESENCIA, observo las resistencias que aparecen y las acepto; dejo que fluyan sin intervenir; no hago otra cosa sino observar; ejercito la paciencia; abrazo la humildad; por vez primera, comienzo a gestionar desde el SER las energías negativas de la vergüenza; sucesivamente, repito este ejercicio; dejo que los frutos aparezcan por sí solos. Abandono la necesidad de controlar el proceso. A fuerza de repetir el ejercicio, comienzo a experimentar la paz, el amor, la serenidad de la PRESENCIA del SER

Experimento un espacio de libertad interior nunca experimentada. Con tiempo, percibo el silencio. El espacio vacío, hasta ahora lleno de movimiento mental y emocional, lo llena ahora el silencio de la Presencia. Y la sensación de una liberación inconmensurable.

 LA VERGÜENZA ES  UN PROGRAMA SUTIL Y MUY INCONSCIENTE

 La vergüenza es un aspecto importante a considerar en el camino de la evolución espiritual; se encuentra tan sepultada en el subconsciente que no nos percatamos de hasta qué punto está allí presente, condicionando nuestra vida.

Alégrate cuando se te ponga de manifiesto, porque es la oportunidad para tomar conciencia de ella.

A menudo, somos víctimas del sentimiento de no valía y no somos conscientes de ello. La vergüenza tiene diversas caras inconscientes:

  • Es la programación de “no existo”, sobre la cual la mente, con su enorme creatividad, se inventa todo tipo de razones y justificaciones, tales como: “no valgo, por eso soy ignorado”, “no soy importante, por eso no existo”, “no tengo derecho”, “no soy nadie”, “no sirvo para nada”, “me siento sólo”, “no encuentro a nadie que me quiera”; “de pequeño, en casa, siempre me decían que nunca sería nada, que no serviría para nada”, “nunca se interesaban por mis resultados de la escuela”, “siempre me exigían más y más, y nunca estaban contentos, por mucho que me esforzara”, “siempre he pensado que ni a Dios le importo”, “me siento ignorado y abandonado por Dios”, etc.

La raíz de la vergüenza, con cada uno de sus matices, es una creencia tan enraizada, que no actúa como pensamiento conceptual. Más bien actúa inconscientemente con forma de experiencia de que “yo no soy válido para nadie”, y que surge de forma recurrente en cualquier momento, a causa del hábito que esta creencia ha generado en tu vida, sin que te des cuenta de ello.

La creencia pretende compensar el sentimiento de “no existencia”, de “no valía”, de “soledad”, de “no soy digno”, de “me siento separado de mí mismo, de los otros” y, sorprendentemente, dado que es una creencia enraizada muy profundamente, es inconsciente y te hace vivir el sentimiento de “me siento separado de Dios”, “a Dios no le importo”, “Dios no atiende mis plegarias”, “Dios no tiene tiempo para mí”, “no le preocupo”, “no soy importante para ÉL”, etc.

Te has habituado a vivir esta creencia y ya no sabes vivir sin ella, y crees que así son las cosas y que no pueden ser de otra manera. Así de fuerte, profunda, recurrente y potente es esta creencia. Tienes que observarla con mucha paciencia para reconocerla y entregarla a Dios.

Es como el granjero que ha nacido en una granja y, desde pequeño, se ha habituado al olor de los animales, del establo, del estiércol. Con el tiempo, se ha acostumbrado tanto al olor, que lo ha incorporado y no le molesta. Un día, alguien le dice que su casa hace olor a establo y que él desprende una desagradable pestilencia. Quizás, entonces, el granjero comienza a darse cuenta de que, efectivamente, la otra persona percibe una pestilencia que a él no le molesta.

De toda esta comparación, se desprende una recomendación: Reconoce delante de Dios los años que has estado bajo esta creencia; asume la responsabilidad de no saber cómo  deshacerte del sentimiento  de no valía, de soledad y de separación. Dale gracias de haberte librado de la creencia que hasta ahora mantenías sin ser consciente de ello.

Ahora, te das cuenta de que se trata de una gran mentira, en la que, por ignorancia e inocencia, has creído hasta ahora. Ahora, observas esta creencia cada vez que se manifiesta y la entregas a la Presencia del SER. Le entregas toda la manifestación que arrastras con esta creencia. Ahora, te das cuenta de que es falsa y le dices: “la dejo ir”, “la entrego a tus manos”, “ya no me identifico más con ella”, “aquella creencia e identificación ya no soy yo”, “ésta no es mi identidad”

Te aseguro que, después de este ejercicio, hecho de todo corazón, te sentirás liberado.

 TRABAJO PACIENTE, INSISTENTE, HUMILDE.

 Esta parte requiere mucha práctica, sobre todo al principio. Con el tiempo, experimentas que la energía del yo pequeño se diluye, sin ningún esfuerzo por tu parte. Sólo has de permitir que se produzca, sin intervenir.

Esta disposición permite observar las partes inconscientes del yo pequeño que, poco a poco, uno y otro día, emergen desde el fondo del desasosiego, de la angustia, del sufrimiento, de la vergüenza.

Así se produce el espacio entre quien observa y las energías observadas de la vergüenza.

Poco a poco, vas discerniendo quien es el yo observador (el testigo) y quien es el yo protagonista. La confianza en el SER permite desidentificar el personaje.

Comienza observando cómo es la energía del SER, tan diferente de la energía de la vergüenza.

La energía del SER se puede denominar inteligencia innata, divina, espíritu, el cuánto, la fuerza vitalmente infinita, el observador, inteligencia universal, campo quántico, poder invisible, padre-madre, vida, energía cósmica o poder superior. Llámale como la llames, has de ver esta energía como una fuente ilimitada de poder dentro de ti y a tu alrededor, en el que creas a lo largo de la vida

Es la consciencia de la intención y la energía de amor incondicional.

A esta energía, le es imposible juzgar, castigar, amenazar o prohibir nada a nadie, porque se lo estaría haciendo a sí misma y eso es imposible.

Da amor, compasión y comprensión, solamente. Ya lo sabe todo de tú (eres tú quien se ha de esforzar para conocerla y mantener una relación con ella). Te ha estado observando desde el momento en que fuiste creado. Eres una prolongación Suya.

Sólo espera ilusionada, admirada y paciente, sólo quiere que seas feliz. Y, si eres feliz siendo infeliz, también lo acepta. Así es de ilimitado su amor.

Este campo invisible que se auto organiza es sabio más allá de tu comprensión. Porque existe a través de una matriz de energía interconectada que se extiende por todas las dimensiones del espacio y del tiempo, el pasado, el presente y el futuro.

Ha estado registrando los pensamientos, los deseos, los sueños, las experiencias, la sabiduría, la evolución y el conocimiento desde la eternidad. Es un campo inmenso, inmaterial, multidimensional y no lineal de información. “Sabe” mucho más que tú y que yo (aunque creamos saberlo todo). Su energía se puede comparar a muchos niveles de frecuencia y, como las ondas de radio, cada frecuencia implica información. Como toda vida a nivel molecular, vibra, respira, danza, brilla y está viva; es completamente receptiva y dúctil a tus intenciones.

Sé paciente y humilde porque todo esto no se hace en una hora, ni en un día. Requiere semanas y quizás meses, dedicados completa y pacientemente a observar. A algunos, les cuesta años, a otros, toda la vida. Todo depende del compromiso de cada uno.

 DECLARA: ADMITE EN VOZ ALTA LA EMOCIÓN DE VERGÜENZA (NO VALÍA) QUE TE  LIMITA.

 En esta parte del proceso de meditación, dices en voz alta quien has sido y qué has estado ocultando de ti. Explicas la verdad de ti, dejas atrás el pasado y cierras la brecha que tienes abierta entre la persona que aparentas ser y la persona que, en realidad, eres.

Declarando en voz alta, te desprendes de tu fachada y de los constantes esfuerzos por ser otra persona, Al declarar la verdad de ti, en voz alta, estás rompiendo los vínculos emocionales, acuerdos, dependencias, afecciones, lazos y adicciones con todos estos estímulos exteriores de tu vida; estás cortando la identificación con tus personajes de vergüenza.

Además, al admitir en voz alta tus limitaciones y revelar lo que has estado ocultando, liberas al cuerpo de ser la mente y permites que el vacío entre quien aparentas ser y quien eres realmente, lo llene la PRESENCIA DEL SER. Cuando expresas en voz alta quien has sido, también liberas la energía almacenada en el cuerpo. Y más tarde, mientras meditas, podrás hacer servir la <<energía liberada>> para crear un espacio nuevo en el SER y una vida nueva.

Ten en cuenta que tu cuerpo se resistirá a hacerlo. Tu ego esconde automáticamente esta emoción, porque no quiere que nadie sepa la verdad sobre él. Quiere seguir teniendo el control. El servidor del ego hasta ahora, se ha convertido en el amo. Ahora, el amo, al hacerse responsable, hace saber al servidor, con mucho amor, que se da cuenta del egoísmo inconsciente, sutil, engañoso en que has vivido hasta ahora.

Por esta razón, es lógico que tu cuerpo no quiera cederte el control, porque no se fía de ti, ahora que te has abierto a la Presencia del SER. Pero si abres la boca y se lo vas repitiendo en voz alta, a pesar de su resistencia, se irá sintiendo cada vez mejor y más aliviado y tu SER comenzará a recuperar el mando.

Es así como defines quién eres realmente, sin hacer asociación alguna a tu alrededor. Estás rompiendo el vínculo energético con la inclinación emocional con todos los elementos del mundo exterior. Admitir alguna cosa es un acto de reconocimiento interior, y declarar alguna cosa es reconocerlo exteriormente.

  • Acepto los errores que he cometido.
  • Acepto las limitaciones de mi yo pequeño.
  • Acepto las consecuencias de haber vivido bajo los efectos de la vergüenza.
  • Ahora, observo mis errores y limitaciones los hago conscientes y permito que la Presencia del SER los disuelva.

 ENTRÉGATE

 Abandónate al poder superior de la PRESENCIA del SER y deja que resuelva tus limitaciones. Simplemente, entrégate con actitud sincera, humilde, honesta, segura, clara, apasionada, confiada.

Después, sal del medio.

  • Apoyado en el SER, le dejo espacio y me desidentifico de la vergüenza y de sus efectos.
  • Entrego todos los efectos y consecuencias de la vergüenza al SER.
  • Me entrego al SER.

Poco a poco, te vas conociendo en profundidad. Esta observación de todo lo que aparece, sea lo que sea, te permite hacer consciente la parte inconsciente que el ego mantiene bajo su control.

Tú lo pones bajo la guía y la luz de la Presencia del SER. El resultado es que un espacio de silencio invade tu alma y te sientes libre de verdad.

Practica la guía-meditación diariamente.

 GUÍA-MEDITACIÓN

 Escoge una de las energías negativas de la vergüenza. Detecta la que te causa sufrimiento, angustia, conflictos, de forma recurrente. Observa, reconoce, acepta y deja que se disuelva y se vaya por sí sola:

  • Reconozco los pensamientos, sentimientos, sensaciones de soledad, abandono, separación.
  • Reconozco la angustia y el sufrimiento que estas emociones negativas generan en mí.
  • Reconozco las raíces profundas de estas energías en mí.
  • Reconozco que he vivido bajo los efectos de estas energías durante mi vida.
  • Reconozco las reacciones que todavía provocan dentro de mí estas energías.
  • Reconozco que la parte inconsciente de estas energías tiene mucha fuerza.

Lo que nos permite aceptarnos es saber que estamos admitiendo nuestros errores y fracasos delante de un poder superior, como es la PRESENCIA del SER, y no delante de otro ser humano tan limitado como nosotros. Por esta razón, cuando admitimos alguna cosa delante de nosotros y delante del poder universal de la PRESENCIA, se produce esto:

  • No hay castigo.
  • No hay juicios.
  • No hay manipulación.
  • No hay abandono emocional.
  • No hay acusaciones.
  • No hay chantaje afectivo.
  • No hay rechazo.
  • No hay desamor.
  • No hay condena.
  • No hay separación.
  • No hay prohibiciones.
  • Guíame, porque por mí mismo no sé nada.
  • Sólo tuyo es el poder y la gloria.

Joan Maria Bovet

Psicòleg clínic at Centre Gestalt-Fis
Especialista en Psicologia Clínica
Director del Centre de Psicologia Clínica i Fisioteràpia, Gestalt-Fis, Família i Salut
Treballa en el nivells de consciència i evolució espiritual del Dr. David Hawkins.
Imparteix cursos de Formació sobre el Mapa de la Consciència i acompanya processos d’evolució espiritual.

Especialista en Psicología Clínica
Director del Centre de Psicologia Clínica i Fisioteràpia, Gestalt-Fis, Família i Salut
Traja en los niveles de conciencia y evolución espiritual del Dr. David Hawkins.
Imparte cursos de Formación sobre el Mapa de la Conciencia y acompaña procesos de evolución espiritual.
Joan Maria Bovet

Latest posts by Joan Maria Bovet (see all)