El fundador de la red internacional Diseño para la Innovación Social (Desis), sentado en su despacho de Elisava, explica que la ciutat no se cambia mirándola y planificándola desde un helicóptero, sino desde abajo, con las actividades e iniciativas de pequeños grupos. Colabora también en el Politécnico de Milán y las universidades chinas de Tongji (Shanghai) y Jiangnan, de Wuxi.


Usted se califica a sí mismo de “optimista profesional” y afirma que, junto con todas las evidencias de la “catástrofe”, una nueva civilización está emergiendo. ¿Cuáles son estos signos positivos que usted ve y cómo podemos cultivarlos?

El mundo, tal como hoy en día lo conocemos, se caracteriza por la difusión -y en estos momentos también por su crisis- de los modelos económicos, las ideas y las prácticas políticas del neoliberalismo. Un modo de pensar y de hacer cuya penetración ha sido tal que no es posible no verla y no ver la catástrofe adonde nos ha conducido. De hecho, habiéndose colonizado la innovación tecnológica, este modo de hacer y de pensar está concentrando en pocas manos enormes cantidades de poder y de riqueza y está comprometiendo, de modo irreversible los ecosistemas en que, y gracias a los cuales, vivimos. Todo esto entra en nuestras vidas cotidianas no sólo como crisis ambiental sino también como desocupación, trabajo precario, marginación y, como reacción, en la forma de involución antidemocrática que estamos viviendo en diferentes partes del mundo. Además, al intentar reducir cualquier aspecto de la vida a la categoría de competencia y eficiencia económica, está propiciando los procesos de disgregación social, de desertificación de todo lo que es público y relacional y de mercantilización de los bienes comunes.

Pero, por invasivos que sean los modos de pensar y de actuar neoliberales, no ocupan todo el escenario. Una mirada más atenta a la realidad contemporánea nos permite observar un paisaje social complejo y dinámico, en el que existen también otros modos de pensar y de hacer. Éstos son el resultado de la iniciativa de personas creativas y emprendedoras que, al encontrarse con un problema o con una oportunidad, imaginan y ponen en práctica soluciones nuevas dotadas de valores, individuales y sociales a la vez. Desde grupos de ayuda mutua a comunidades de cuidados, desde formas de producción a pequeña escala hasta regeneración de bienes comunes de la ciudad. Estas iniciativas tienden a (re)conectar las personas con los lugares donde habitan y a regenerar confianza mutua y capacidad de diálogo. Y, de esta manera, a crear nuevas comunidades.


Para ver el cambio hay que conectar los puntos para que aparezca la imagen de otros mundos posibles. Necesitamos una mirada optimista, pero no simplista o ingenua, sobre las cosas.


Con el tiempo, estas actividades, promovidas al inicio por pequeños grupos de entusiastas, se han extendido, han evolucionado y han encontrado un reconocimiento institucional hasta llegar a perfilar tendencias contrarias significativas, que se observan en todos los ámbitos de la vida cotidiana: servicios sociales colaborativos, formas de producción descentralizada y abierta, bienestar cooperativo, redes alimentarias basadas en una nueva relación entre productores y consumidores, y propuestas ciudadanas encaminadas al bien común. El rasgo común de todo esto es que las personas implicadas rompen con el individualismo que propone la cultura dominante, decidiendo colaborar para llegar juntos a resultados que tengan valor para cada uno y para todos, es decir, para los participantes y para toda la sociedad en conjunto.

Este conjunto de actividades que parten de la iniciativa de pequeños grupos y que puede llegar a incidir en las instituciones y en la política también a gran escala, es a lo que podemos referirnos con la expresión innovación social: un término muy al uso en los últimos años, al que se le atribuyen diversos significados.


Innovación social: un cambio del sistema sociotécnico cuya naturaleza y resultados tienen también un valor social en su doble significado de solución a los problemas sociales y de (re)generación de los bienes comunes físicos y sociales.


Ciertamente, la primera parte del concepto está en neto contraste con la segunda: ¿Cómo pueden coexistir los dos sistemas? La pregunta es legítima. Pero hay una respuesta plausible: la realidad actual, en su complejidad, no puede ser explicada con una sola historia. Por eso, es necesario desarrollar la capacidad de mantener coexistiendo diversas narraciones, mostrando simultáneamente la evidencia de la dramática situación actual, con sus nefastas tendencias dominantes, y la existencia de un universo de personas, grupos, organizaciones y, también, sectores de instituciones que se mueven en sentido contrario. Es cierto que este archipiélago de modos de hacer y de pensar sostenibles todavía tiene poca visibilidad, pero, en mi opinión, es tan real y concreto como la tendencia catastrófica dominante. Y es potencialmente igual de capaz de incidir en el mundo.

Pero para verlo, es necesario conectar los puntos y hacer emerger así la imagen de otros mundos posibles. Hacerlo significa, en mi opinión, tener una mirada optimista hacia la realidad, pero no simplista o ingenua.

Así pues, cuando a veces digo que soy un “optimista profesional”, quiero decir con ello que soy, o trato de ser, una persona que reconoce la naturaleza catastrófica de las tendencias actuales, pero también la realidad concreta de las tendencias opuestas. Y sobre esta base trato de actuar.

Creo que este modo de ver las cosas debería ser adoptado por todos aquellos que intentan asumir la vida enfocándola como un proyecto Y por los jóvenes, en primer lugar.

En el programa «Design for city making» que ustedes están llevando a cabo en Elisava, hay un proyecto acerca de los «invisible makers«. ¿Qué entiende por un «invisible maker»?

Con la expresión “invisible makers” quiero referirme a todas aquellas personas que, en la ciudad, están trabajando en ciclos productivos cuya importancia, tanto económica, como social y cultural, a menudo, no se valora suficientemente: desde los artesanos dedicados a actividades productivas tradicionales, hasta todos aquellos que se ocupan del mantenimiento y la reparación de las casas y de las cosas. Desde los que trabajan en el marco de una economía formal, hasta los que actúan en la economía informal, de la ayuda mutua y del “hazlo tú mismo”.

Como decía, todos estos productores tienen relevancia económica pero también social y cultural: participan, de hecho, en la producción y la reproducción del ecosistema urbano. Y, en su multiplicidad y diversidad, contribuyen a darle cohesión y resiliencia.

Observar con más atención esta constelación de agentes y actuar para darles voz y visibilidad es, hoy en día, de particular importancia. Y lo es por dos razones complementarias:

Por un lado, en estos años, los modos de ver y pensar neoliberales han invadido la ciudad dejando oculto todo lo que no es coherente con sus prácticasManzini y sus ideas, es decir, todas aquellas actividades que, valoradas según sus parámetros, no son competitivas -como el pequeño artesanado- o que no son transformables en productos de mercado, como muchas de las actividades de mantenimiento y de cuidado de las personas. Por el contrario, cambiando de punto de vista, se puede observar fácilmente que se trata de actividades de primordial importancia, como ya se ha dicho, porqué crean y mantienen la cohesión social y la diversidad del ecosistema urbano.

La segunda razón es que, en estos mismos años, se ha desarrollado el filón de actividades de los makers y de los talleres de fabricación digitial (fablabs), actividades productivas que, utilizando las tecnologías digitales y las oportunidades abiertas por la gran reducción del tamaño de muchas máquinas y herramientas, permiten realizar sistemas productivos que, por sus dimensiones, y por no ser invasivos, pueden situarse en el interior del tejido urbano. Al integrarse en las innovaciones sociales paralelas, esta innovación tecnológica, abre la posibilidad de repensar los modelos productivos adoptados hasta ahora, basados en las reglas de la economía de escala, para delinear un nuevo modelo productivo, la producción descentralizada, coherente con el modelo económico de las economías de objetivos.

De esta forma, nos podemos imaginar un escenario en el cual la tendencia hacia la producción descentralizada, tal como la proponen los fablab -a quienes podríamos denominar “visible makers”-, pueda encontrarse con la constelación de actividades productivas todavía existentes en los barrios de la ciudad -que hemos denominado “invisible makers– dando lugar a un nuevo escenario urbano y productivo: la nueva manufactura urbana. Es decir: la re-generación del tejido productivo de la ciudad.

¿Cuáles son los principales retos y oportunidades que usted ve, hoy en día, en la ciudad de Barcelona?

¡Ésta es para mí una pregunta demasiado difícil! Hace poco que he llegado y todavía me cuesta distinguir mis sueños y mis preconceptos de lo que es verdaderamente la realidad de esta ciudad. Me explico mejor. Cuando se me propuso trabajar aquí, durante cierto tiempo estuve muy contento. De hecho, pensaba que, si aceptaba, tendría la ocasión de aprender mucho: Barcelona, con su historia social y urbanística y con su presente de proyectos avanzados, podría ser un óptimo lugar para poner a prueba el escenario de ciudad colaborativa que, como DESIS Network, estábamos elaborando.

Tras seis meses, todavía soy de la misma idea, pero no puedo decir que la haya verificado con la prueba de los hechos. Dicho esto, continúo pensando que Barcelona tiene una extraordinaria posibilidad para ser propuesta como ciudad colaborativa. El desafío que yo percibo es lograr llevar adelante este extraordinario experimento social también en estos momentos difíciles como los que todos, en Barcelona, pero no solamente aquí, estamos atravesando.


EZIO MANZINI. Trabaja en diseño de innovación social. Puso en marcha DESIS Network. Actualmente colabora con Elisava (Barcelona), Politécnico (Milán), Tongji (Shanghai), Jiangnan (Wuxi).

Última publicación: Cuando todos diseñan”. Experimenta, 2015.

De próxima publicación: Politics of the Everyday. Bloomsbury (Febrero 2019)

Josep Bofill

Director at Ciutat Nova
Després d'una àmplia experiència en el món de l'ensenyament, actualment és a la direcció de la revista Ciutat Nova.
Tras una amplia experiencia en el mundo de la enseñanza, actualmente está en la dirección de la revista Ciutat Nova.
Josep Bofill

Latest posts by Josep Bofill (see all)