En plena campaña de las elecciones presidenciales de mi país, percibí que mi amiga se sentía incómoda por mis juicios sobre ella. Yo, que me había propuesto construir puentes y resaltar el valor del diálogo con la gente que tenía cercana entre los que había puntos de vista muy diversos, no construía estos puentes.

Decidí escuchar con mayor profundidad los otros puntos de vista y los argumentos hasta el fin. Aprendí mucho. Con los amigos buscábamos los puntos buenos de ambas partes, lo que teníamos en común, sin asustarnos del mal que parecía estar apoderándose de las dinámicas de los dos partidos principales.

En las redes sociales yo trataba de no herir a nadie, pero caí en la cuenta de que algunas publicaciones mías en Facebook podían provocar enfrentamientos entre algunas personas. Los autores de algún post que compartía eran apasionados y, aunque fuese sin intención, podrían haber afectado la relación entre amigos y conocidos. Entendí que tenía que evitar que se construyera un muro más alto y borrar esas publicaciones.

Además, algunas publicaciones que me llegaban eran tan horrendas y provocaban tanta división que me pregunté cómo podía encontrar un modo diferente de presentar nuestros pensamientos. Publiqué un simple recordatorio expresando que cada persona ha sido creada a imagen de nuestro creador y es bueno recordar que deberíamos hablar de ella, pensar en ella y actuar respecto a ella con un profundo respeto.

Por Marijo Dulay, New York

Artículo publicado en la revista 179, Grietas. Ya disponible en Amazon.

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