Un regalo. Es un regalo trabajar en la formación y el acompañamiento de los niños pequeños. Lo he podido hacer durante años y ahora todavía. No es exactamente catequesis en función de la preparación a algún sacramento; más bien es transmisión de los valores que Jesús enseña en el Evangelio, formación para ser personas, buenas personas en la vida.

Parece que el adulto es quien tenga que enseñar las cosas a los niños, que, ¡pobres!, no saben nada, o casi nada… No es así. Tenemos, ciertamente, más experiencia, la que los años de vida nos han aportado. Sin embargo a veces, esto conlleva también un endurecimiento del corazón y de los sentidos. En cambio, en los pequeños, hay una pureza innata que evidencia la vocación al amor a la que estamos llamados los seres humanos.

Dos hechos.

Estoy haciendo manualidades con los niños y niñas. Es Navidad, y preparamos unas figuritas de yeso del Niño Jesús. Les gusta mucho y lo hacen aplicadamente. De repente, se oye la vocecita de Elena (5 años), que pausadamente dice: «¿Quién es Dios? Quiero saber esta pregunta… «. ¡Ups! «Cómo le respondo?». En décimas de segundos pasan por mi cabeza mil pensamientos… ¿Cómo se lo explico? ¿Cómo destilo todo lo que podría decirle como adulta para ir a la esencia y que ella me entienda…? No he llegado a articular más que un tímido «Pues…», cuando Santi (6 años), levanta la cabeza del trabajo que estaba haciendo con los niños Jesús y dice: «Dios está en el cielo y cuida de nosotros». No hago más que remachar el clavo: «¡Eso es, muy bien dicho!». Elena lo ha escuchado atenta, se la ve satisfecha con la respuesta, y continúa con lo que tiene entre manos.

Alberto tiene 4 años y es muy movido, pero mucho… Hacer una sesión de una hora con él y otros niños y niñas puede ser complicado, porque te exige una gran flexibilidad y capacidad de adaptación. Lo reconozco: estos perfiles me ponen delante de mis límites de impaciencia. Un día, estamos en estas dinámicas habituales, no sólo él, sino también Susana, de tres años… Los dos adultos que estamos con los niños parece que estamos a punto de perder el control de la sesión… Susana se queja, no quiere hacer el juego en cuestión… Alberto, movido como es, se levanta, parece que va a su bola… y sin embargo… coge el chupete de Susana y se lo da (la madre de ella lo pone en la mochila para las situaciones de emergencia). Me ha dejado boquiabierta: parecía que Alberto no nos seguía, que iba a la suya, y sin embargo… ¡Cómo ha apreciado la necesidad de Susana y la ha saciado!

Qué lecciones nos dan los pequeños a veces, ¿verdad? ¿No os ha pasado nunca a vosotros?

Estas personitas que no llegan a un metro de altura nos enseñan muchas cosas. Más aún, es en la relación de confianza y amor mutuo entre unos y otros que todos aprendemos y hacemos camino en la vida.

Se entiende, pues, que Jesús dijera en el Evangelio: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios» (Mc 10,13).

Hagamos honor a estas palabras y que en todas las instancias protejamos la inocencia y la pureza de los niños.


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Amparo Gómez

Ciutat Nova és una part de mi. Sóc llicenciada en Filologia Hispànica i amb formació en periodisme, un tàndem ideal per a una amant de les llengües, de les paraules i de la comunicació. Mitja vida a València, on he nascut, i mitja vida a Catalunya, un altre bon tàndem…

Ciutat Nova es una parte de mí. Soy licenciada en Filología Hispánica y con formación en periodismo: un tándem ideal para una amante de las lenguas, las palabras y la comunicación. Media vida en Valencia, donde he nacido, y media vida en Cataluña: otro buen tándem…
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