Pobrezas, femenino y plural. Una lacra de la humanidad que se presenta bajo aspectos muy diversos y que afecta en mayor medida a las mujeres y a los niños. La erradicación de la pobreza es el objetivo número 1 de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) que la Organización de las Naciones Unidas propone para para alcanzar en 2030. El enunciado de este primer objetivo dice literalmente: Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. Ésta es la meta; el camino, largo; el tiempo escaso y la urgencia extrema.

Las regiones en las que se concentra mayoritariamente la pobreza son las de Asia meridional y las de África subsahariana, pero se calcula que 30 millones de niños crecen pobres en los países más ricos del mundo. Un 25% de los niños menores de cinco años en todo el mundo, tienen una estatura inadecuada para su edad, debido a la malnutrición crónica que padecen. Un 70% de la población pobre, se considera que son mujeres. Casi 800 millones de personas viven en el límite de la pobreza con 1,90 dólares diarios. Datos, estadísticas. Pero la pobreza, las pobrezas, no son datos, ni conceptos, ni ideas, ni objetivos; son personas, hombres y mujeres, que sobreviven día tras día a nuestro lado. Sí, a nuestro lado. No se necesita demasiado tiempo para plantarse en la otra punta del planeta para pasar allí unos días. La pobreza está a nuestro lado, las personas pobres también.

La pobreza es un problema de derechos humanos que no se combate sólo con el crecimiento económico. De hecho, de esto ya tenemos en mayor o menor medida, pero no nos sirve de mucho. Y no avanzamos en la erradicación de la pobreza porque el actual sistema económico genera un crecimiento no inclusivo, un crecimiento que perpetúa y profundiza las desigualdades, condenando a la situación de pobreza a bolsas enormes de la población. Y esto, es un problema de todos, porque la desigualdad afecta al propio crecimiento económico y además pone en riesgo la cohesión social, lo que provoca tensiones políticas y sociales que pueden desencadenar inestabilidades y conflictos. Conviene pues, no permanecer insensibles ante una injusticia de la que la humanidad somos víctima y cómplice al mismo tiempo.

Pero como que el ODS 1 se refiere a la pobreza en “todas sus formas”, creo que sería bueno ampliar el abanico y fijar también la mirada más allá de la estricta pobreza económica. Los que vivimos en el mundo occidental tenemos una percepción diferente de esta realidad. En una sociedad del bienestar que, ciertamente se está haciendo añicos, también padecemos las desigualdades y la pobreza, aunque sea en una medida menos dramática. Pero también convivimos con una serie de pobrezas difíciles de calificar y que, sin negar su origen económico en muchos casos, tienen connotaciones distintas. Podríamos hablar de pobrezas del alma, de la propia persona, de sus valores más profundos. Es cierto que en más de una ocasión encontraríamos en la raíz de estas situaciones el componente económico, con modalidades diversas. Sin embargo, se añade la concepción extremadamente individualista de la persona que acarrea las soledades más espeluznantes en el corazón mismo de las sociedades occidentales acomodadas. Me sorprende y, al mismo tiempo me preocupa, la cantidad de suicidios que se producen, especialmente entre los jóvenes. La proliferación de asesinatos, demasiado a menudo en el seno de las mismas familias. Muertes solitarias de personas ancianas. Abandonos, roturas, violencia, indiferencia, desesperación… Prefiero no proseguir una lista demasiado larga…

Creo que todo este conjunto son síntomas de una extraordinaria pobreza humana y comunitaria. Hemos aprendido a competir y hemos dejado de cuidarnos unos a otros. Las personas solas, tratamos de combatir con terapias individuales los males de todo tipo que nos angustian. Pero la enfermedad es colectiva y necesita soluciones colectivas. Es necesario recuperar el sentido más profundo de comunidad, apoyarnos mutuamente, la buena vecindad, el sentirnos acompañados en el camino de la vida. Pienso que también así erradicaremos las “pobrezas de los ricos” y, al mismo tiempo, seremos también más solidarios con aquellas otras pobrezas en las que los pobres se juegan su supervivencia.

Francesc Brunés

Col·laborador habitual de Ciutat Nova i també ... professor d'economia (jubilat), pare de dues filles, gironí d'adopció d'esperit universal, defensor de causes més o menys perdudes i, quan cal, conferenciant i tertulià.

Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), padre de dos hijas, gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas y, cuando hace falta, conferenciante y tertuliano.
Francesc Brunés

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