En 2016 fui a Mozambique y a Kenia por primera vez. Quería profundizar mi vocación y pasión por la arquitectura y, a la vez, continuar mi búsqueda por hacer desde allí mi aportación al “cambio social” desde allí. Una experiencia distinta de intercambio y trabajo fuera de mi realidad “conocida”.


Como arquitecta, entiendo que la vivienda, el hábitat, el lugar que uno habita,  es un pilar fundamental en la vida de las personas. Ahora, como  urbanista, sé cuánto se puede aportar a mejorar la vida de las personas desde la vivienda y el espacio público pensando las ciudades como un derecho, un lugar al servicio de sus habitantes. Ese es el gran desafío y  el aporte que puedo dar para hacer una sociedad más justa..

Después de la universidad tuve la suerte de trabajar en el Gobierno Nacional, colaborando en la re-urbanización y mejora de barrios vulnerables de Buenos Aires. Así conocí más “desde adentro”, y desde lo político, la problemática de localidades postergadas social y ambientalmente.

En la universidad ya participé en actividades, reformas y proyectos en barrios vulnerables y trabajando con la comunidad. Este trabajo, fue, pues, un desafío personal y profesional que me confirmó la vocación hacia el urbanismo y el trabajo con las poblaciones más vulnerables.

MOZAMBIQUE (enero 20116): con la fundación argentina “Somos del Mundo”, participé en la construcción de aulas en poblaciones rurales. Una experiencia profunda de conocer otra cultura,  de intercambio y enriquecimiento. Trabajábamos en conjunto con la comunidad del lugar, compartiendo con ellos jornadas enteras de trabajo. Se compartían los descansos y las comidas, las dificultades y los logros y así se construían vínculos con las familias del lugar. El trabajo en equipo, fue una experiencia de enriquecimiento mutuo, entre dos culturas y la palabra “comunidad” adquirió un nuevo significado para mí.

KENIA (febrero 2016 y verano 20118): participé en un voluntariado internacional del movimiento de los Focolares. Realizamos la puesta en valor de una escuelita en una población rural. Nuevamente aquí, se  generaron unos lazos de amistad que aún hoy continúan. Conocer el lugar donde el otro vive, compartir sus costumbres, horarios, comidas… me hicieron entrar en su cultura y quererla. En esta ida y vuelta era tanto más lo que recibíamos que lo que hacíamos como trabajo.

En agosto de este año, con más convicción y experiencia como arquitecta, he vuelto a Kenia para realizar el proyecto de una capilla para la Fazenda Esperanza, una institución que trabaja en la recuperación de personas con adicciones. Realizar un proyecto que quede allí, materializando una experiencia y trabajo hecho en equipo es uno de los regalos más lindos que recibí.

Me siento agradecida a la vida por estas oportunidades que me han enriquecido y han confirmado mi vocación, ya que para mí no fueron trabajos que quedaron en la experiencia de esos días allí sino es una confirmación de lo que quiero hacer con mi profesión ponerlo al servicio de los sectores más vulnerables. Al final, lo que se recibe a cambio es mucho más, y me hace inmensamente feliz.


Victoria Frascarelli

26 años. Argentina viviendo en Barcelona. Arquitecta y formándome como Urbanista. Me siento privilegiada por poder unir mis dos vocaciones: la arquitectura y el trabajo social.


 

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