Ya sea que uno se posicione en contra, a favor o lo viva de forma un tanto indiferente, en Cataluña seguimos viviendo un clima social marcado por la agenda política y por los distintos escenarios que va generando el movimiento independentista. De hecho, se ha anunciado un «otoño caliente», es decir, se mantendrá el pulso entre los partidos que no están a favor de la independencia de Cataluña y los partidos que tienen dicha independencia en sus programas electorales y en su hoja de ruta.

Mirando un poco hacia atrás se puede constatar como, desde el año 2010, la cantidad de personas que se han manifestado en las Diadas del 11 de septiembre es multitudinaria. Muchos analistas señalan la tensión social que se ha instaurado, otros matizan esas expresiones, y cada ciudadano va sacando sus propias conclusiones a medida que vive distintas experiencias en su entorno social.

Con este contexto de fondo, me permito subrayar un aspecto bastante obvio de las relaciones humanas y pido disculpas, soy consciente que puede resultar un tanto insolente hablar de algo tan evidente… El “querer es poder”, del título, hace referencia a aquella actitud básica y fundamental que parece comenzar a escasear en estos días: querer, escuchar y sentir al otro. Considero que muchas personas en Cataluña, y también en muchas partes de España, han vivido el siguiente recorrido vital: al inicio se produjo una gran sorpresa y una reacción llena de sentimientos y pasiones encontradas;  luego se vivieron ofensas y descalificaciones mutuas, tanto a niveles institucionales como personales; y todo ha sido rematado por un atrincheramiento conceptual, desde el cual ya no estoy dispuesto a cambiar ni una coma en mi postura. Este breve recorrido vital se ha producido de forma bastante rápida y nos ha llevado a la situación actual: un “diálogo de sordos” que sólo puede generar frustración y crispación.

Por lo tanto, retomo la propuesta, considero que podríamos experimentar un notable cambio en las relaciones entre todos si ponemos en práctica el “querer-escuchar-sentir”. Querer, es la primera actitud que tenemos que confirmar si existe o si ya ha desaparecido. ¿Quiero dejar espacio en mí a quien piensa distinto? ¿Estoy dispuesto o dispuesta a abrir una ventana, a mover una ficha, a dejarme simplemente interpelar por aquella persona que no piensa como yo? Si la respuesta es no, entonces nada más que decir.

Como segundo paso, escuchar. Si he sido capaz de responder un “sí, quiero” sincero, entonces vale la pena animarse a vivir de nuevo el “sí, quiero escucharte”. Esto supone blanquear la mente, abrir el corazón y dejar espacio para que el otro se exprese. No juzgar, ni alterarse, simplemente escuchar con atención y paciencia. Algo que parece tan obvio y sencillo, pero que no resulta muy habitual porque «el simple oír, es decir, percibir con el oído, no es lo mismo que escuchar, es decir, prestar atención para oír. La escucha es un ejercicio que requiere estar presente ante uno mismo y ante los otros, sin distracción. El acto de escuchar implica voluntad: hace falta querer escuchar. Esta función, lamentablemente, sigue siendo desconocida» (G. Cicchese, Entre el yo y el tú, Ciudad Nueva, Madrid 2018, p. 55).

Por lo tanto, si nos preguntamos con sinceridad si quiero escuchar al otro, podré luego intentar ponerlo en práctica, asumiendo que se trata de un ejercicio arduo, poco frecuente en nuestras sociedades actuales debido a la superficialidad que genera el vivir tan acelerados y siempre con poco tiempo para todo.

Por último, en el supuesto caso que estemos dispuestos, es decir querer, a abrirnos al otro sinceramente, es decir escuchar, entonces podemos intentar la tercera navegación, esa que supone abrir el corazón y sentir al otro. Soy plenamente consciente de que los sentimientos actuales son más bien de dureza de corazón y de autodefensa, para no ser heridos de nuevo. Pero el desafío sigue siendo no olvidarnos que el otro “es otro yo”, compartimos la misma dignidad de personas y nos merecemos un respeto que incluya la acogida mutua.

No es fácil, pero tampoco resulta imposible. Por eso, me parece apropiado acabar con la experiencia vital que me contaba una amiga: «Escucho muchas tertulias y leo bastante, es cierto que desde hace unos años no miro canales privados de televisiones españolas y, últimamente, ni la pública, porque trato de centrarme en aquellos canales de televisión y emisoras de radio, donde las tertulias que se transmiten son más plurales. De hecho, cada día se ven tertulianos independentistas y no independentistas, incluso franquistas y, muy pocas veces, suben el tono de voz…».

¿Querer es poder? En nosotros está la respuesta y no puede ser una respuesta teórica, tiene que plasmarse en nuestros gestos, actos, palabras y comportamientos.

Aurelio Cerviño

Argentino trotamundos y catalán por adopción, interesado desde siempre en el misterio del Amor, un poco existencialista y bastante enamorado de las metáforas, doctor en Teología Moral y profesor en la Facultad de Teología de Catalunya

Argentí rodamón i català per adopció, interessat des de sempre en el misteri de l’Amor, una mica existencialista i força enamorat de les metàfores, doctor en Teologia Moral i professor a la Facultat de Teologia de Catalunya
Aurelio Cerviño

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