En el anterior artículo, proponíamos unos elementos que   dar calidad y sostenibilidad a nuestras interacciones personales para nuestra comunicación física y presencial. En este artículo proponemos otros  elementos optimizadores que nos pueden ser útiles para dar calidad, también, a los entornos 2.0.


Nuestra propuesta podría resumirse en dos actitudes y conductas psicológicas que deberían ser enseñadas, practicadas y aprendidas: empatía y metacognición. Dos caminos para avanzar en el interesante homo psicologicus, presentado en este mismo número de Ciutat Nova como devenir en la evolución del ser humano.

La metacognición previa, a diferencia de la “posterior a la acción” o a la “simultánea a la acción” (más difícil), sería lo que pensamos sobre cómo  decir ciertas ideas o realizar ciertas acciones. O sea, la anticipación cognitiva de preparación, ideación, planificación, evaluación previa y previsión de las consecuencias.

La empatía es la habilidad de un interlocutor para tratar de percibir según la perspectiva del otro, comprender según sus coordenadas conceptuales (empatía cognitiva), y sentir, de algún modo, sus emociones (empatía emocional).

Se habla de que la interacción en el entorno 2.0 incrementa excesivamente la relación y observación del Yo con su propia imagen: aspecto, cuerpo, etc. La autoobservación es buena mientras no monitorice demasiado la actividad espontánea. Si las plataformas 2.0 incrementan la auto-consciencia, estamos en el buen camino para la metacognición. Una metacognición que debe llevar a la empatía y prosocialidad.

La enseñanza y el aprendizaje de estos procesos deberían ser uno de los pilares de la educación y de la escuela moderna, que se habría de servir del gran regalo que las tecnologías han supuesto en el motor del aprendizaje: la motivación.

En los usos de algunas plataformas se prodigan los “likes”, los “me gusta”. Saber aprovecharlos momentáneamente como auto-refuerzos y saber desapegarse de los mismos con rapidez, puede ejercitar la flexibilidad, la relativización y la dinámica  del “ahora yo, ahora tú”. La persona puede sentirse arropada con esos momentos de sentirse pensada por otros. Es maravilloso: ha habido un momento en que otros, quizás muy valiosos para mí, han fijado su atención en mí.

Una de las ambiciones de los enamorados es sentir que el otro esté pensando en uno la mayor parte del tiempo.

Es importante, por tanto, disponer de “seguidores” o de “amigos” que conozco, mejor, personalmente, y de los que aprecio mucho sus elogios. No es necesario que éstos sean muchos, pero, quizás sí, escogidos. Los demás, los que han solicitado amistad, pero que ni siquiera conocemos, juegan el rol de un público interesante en donde se ejercita el aparecer y el desaparecer.

Pero en el “ahora yo, ahora tú”, puede llegar a consolidarse sobre todo el “ahora tú”, dotándole de todo el potencial de las actitudes y conductas prosociales, con lo que vendrá más en relieve la cooperación que la competición.


La persona se puede sentir acompañada cuando se siente pensada por otros


Ciertamente sería importante el análisis de los escenarios y las secuencias de contenidos diversos que se pueden resaltar si se estudian casos de interacciones de WhatsApp para acercarse cada vez más al “placer del diálogo inteligente”. Presentando alternativas ricas en lenguaje sintético en donde el saber formular preguntas inteligentes al otro proporcione cada vez más recursos de palabras que promuevan y consoliden realidades de contenidos para amueblar el mundo psíquico de  la persona.

Respecto a priorizar cómo logro la cantidad de seguidores o amigos, por un lado habría que ayudar a relativizarla frente a la calidad que puedan ofrecer los mismos. Pues, efectivamente: tenemos un límite cognitivo y conductual para atender bien a más de un número limitado de personas. A este problema filosófico-psicológico lo denomino “límites de la relación de lo Uno y lo Múltiple

Por más que seamos idealistas sobre las posibilidades de alcanzar siempre una relación recíproca satisfactoria, nos encontramos con las limitaciones estructurales del ser humano y de sus capacidades relacionales y comunicativas.

Cuando se compara la comunicación presencial, offline, con la comunicación 2.0, online, se atribuye algo similar a las dos: se necesita el mismo tiempo en la interacción en la calle que delante del ordenador. Quisiera apuntar, sin embargo, que si hay una buena meta-cognición previa uno podría pensar previamente en las mejores palabras, quizás breves, para dar calidad a la interacción y probablemente ahorraría algo de tiempo y por tanto podría aumentar las interacciones con más personas, pero aún así, limitadas, no infinitas.


ACTITUDES EN EL ENTORNO 2.0

  1. Entrenarse a tomar iniciativa con delicadeza al iniciar la comunicación con desconocidos. Podrían elaborarse listas de palabras y frases coloquiales atractivas, elogiosas, alegres, que podrían quedar como repertorio propio.
  2. Preceder toda comunicación por la conquista de nuestro pensamiento a favor de nuestro respeto por la dignidad del interlocutor. Los elogios siempre sinceros propician y consolidan la autoestima del otro. Prepararnos a ella para que nuestro pensamiento no tenga reservas o juicios sobre los demás
  3. Dar profundidad a nuestras conversaciones, atendiendo bien a lo que nos dice el interlocutor, siguiendo “su tema” e incluso haciéndole alguna pregunta pertinente. Formular preguntas que pueden actuar como comodines para iniciar y mantener el interés de la conversación, siempre orientadas a que el otro pueda sentirse a gusto expresando sus preferencias o aficiones. Todo ello genera empatía.
  4. Aplicar estas preguntas y dejarse llevar por la aventura de ver cómo responde el interlocutor.
  5. Cultivar la creatividad en el pensamiento dirigida a resolver problemas humanos y sociales. Procurar tener personas afines con las que se puedan evaluar las ideas surgidas. ¿Por qué no ejercitarnos con alguno de nuestros buenos amigos online?
  6. Introducir sostenibilidad en cualquier relación, presencial o online, siempre tratando de mantenerla, hacerla crecer y mejorarla.

 

Robert Roche

Fundador i director de LIPA at Laboratori d'Investigació Prosocial Aplicada
Investigo des dels anys 80 si la ciència psicològica pot confirmar que estimar els altres és funcional per a la salut integral de la persona i per crear harmonia i unitat en les relacions interpersonals. N’estic convençut.

Investigo desde los años 80 si la ciencia psicológica puede confirmar que amar a los demás es funcional para la salud integral de la persona y para crear harmonía y unidad en las relaciones interpersonales. Estoy convencido de ello.
Robert Roche

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