¿Cómo se resiste el ego?

Apoderándose de la mente, haciéndose su amo y señor. Así se posiciona. El dominio del ego es la mente con todos sus posicionamientos hechos de creencias, expectativas y proyecciones hacia el pasado herido o el futuro incierto y siempre fuera del presente, del cual nos desconecta, fabricando historias de fantasía (miedo, angustia, culpa, vergüenza, incapacidad, carencia, etc.)

¿Cómo fabrica y sostiene sus posicionamientos el ego?
Con pensamientos y sentimientos cargados de juicios, expectativas y miedo.

1. JUICIOS

Si nos observamos honestamente, nos daremos cuenta de que los juicios son continuos, tanto a nosotros mismos como a los otros. Todo juicio surge de una creencia: cómo tendrían que haber sido las cosas en el pasado, y no fueron así; cómo creemos que han de ser en el presente, y no son; cómo deseamos que sean en el futuro.
La realidad que no se ajusta a estos “tendrían” genera crítica, enojo, venganza, defensa, ataque, juicios. Esta es la dinámica del juicio. Cuando Jesús dice “no juzguéis y no seréis juzgados”, no especifica ninguna excepción. En cambio, la lógica del ego cree que el juicio está justificado cada vez que el entorno no satisface sus expectativas.

Si hay juicio en nuestra vida, no hay evolución espiritual. Erradicarlo completamente requiere tomar la decisión responsable de renunciar al juicio.

2. EXPECTATIVAS, ESPERA, ESPERANZA

Las expectativas fabrican y retroalimentan los juicios. La expectativa es desear lo que queremos desde la perspectiva del ego. Toda expectativa nace del ego y de la manera como el ego juzga la realidad. Cuando la Realidad no coincide con la expectativa del ego, éste, inmediatamente, la juzga en base al “tendría”.
Esperar de la vida lo bueno y mejor es natural. Es sano desear el bien, la salud, lo mejor para nuestros hijos. Esperar forma parte del sentido común, de los valores humanos que facilitan la existencia, que promueven tanto el bien común como el legítimo bien propio.

En la expectativa, en cambio, hay posicionamiento, intolerancia, impaciencia y frustración. Las creencias del ego, que persiguen ganancias inmediatas, incapacitan para alcanzar valores superiores.

Solamente el SER vive de la esperanza, cuya característica es que no juzga, y esto lo diferencia del ego. Entre otros muchos valores, el SER vive la neutralidad, como actitud frente a la vida, de forma que si lo que la persona espera le llega, se siente bien y, si no llega, no se frustra, porque confía que, pase lo que pase, todo es para un bien superior.

La esperanza se fundamenta en la renuncia a toda expectativa y control. Está desprendida de todo apego. Desde la esperanza, uno hace toda su parte pero, sobre todo, deja que Dios haga la suya. La esperanza se fundamenta en el principio espiritual que dice: “por mí mismo, Señor, yo no sé nada, porque sólo tuyo es el Poder y la Gloria”. La humilde confianza en Dios alimenta la esperanza de saberse amado y sostenido por el Amor de más alto nivel de consciencia espiritual.

Hacernos conscientes de las expectativas y renunciar a ellas, evoluciona la espera hacia la esperanza.

3. MIEDO

Les expectativas siempre son una amenaza para el ego, puesto que se fundamentan en el miedo. Éste se activa tanto si la expectativa parece positiva como si es negativa. En el primer caso, el ego teme si no se satisface; en el segundo caso, el ego teme si se cumple.

Hemos de considerar cualquier miedo como fruto de la gestión del ego. El miedo, tan habitual en la vida cotidiana del ser humano, nos impide reconocer la Presencia divina, el SER en nuestra vida. La insistencia de Jesús con su continuo “no tengáis miedo”, es su invitación a confiar en el amor del Padre. Nos liberamos del miedo, tomando conciencia de éste y entregándolo continuamente a Dios.

4. CREENCIAS

Estos tres elementos forman capas de creencias, que constituyen la estructura del ego que nos desconecta de la Consciencia Subjetiva infinita del SER.

Cuanto menos conscientes seamos de nuestro SER, mayor es la victoria del ego.
Ahora, puede entenderse mejor que el sentido de nuestra vida es evolucionar. Hemos venido a evolucionar espiritualmente. Este trabajo constante es recuperar la Consciencia Subjetiva infinita del SER

¿Cómo hay que hacerlo?

Quitemos las capas de creencias que nos impiden vivir desde el SER. Aprendemos así a identificar las creencias que generan los continuos juicios sobre nosotros y sobre los otros.

Identifiquemos las expectativas, Seamos conscientes de su dinámica: esperar del entorno, del mundo, la solución de nuestros conflictos y sufrimientos. Nos impiden responsabilizarnos de nuestra evolución espiritual, que sólo se produce desde dentro.
Identifiquemos la dinámica de los miedos: Suprimimos sentimientos, ignoramos, reprimimos o nos evadimos de hacernos responsables de lo que nos hace sufrir.

A medida que nos habituamos a identificar estas dinámicas del ego, es fundamental RECONOCER que repetimos siempre los mismos mecanismos, no evolucionamos.
No puedo soltar lo que no reconozco. Reconocer es el acto de humildad que me abre a la vía del Espíritu.

Todo lo que reconozco tiene como objetivo entregarlo a Dios, con la esperanza de que Él siempre quiere el bien más elevado: llegar a ser como Él, amor incondicional.

Este proceso se hace por medio de una guía-plegaria, cuyo objetivo es transcender el nivel de consciencia en el que se mantiene el ego, i elevarnos al nivel de consciencia del Espíritu.

Cuando uno es consciente de querer hacer este proceso y su intención es honesta e íntegra, Dios trabaja a esta persona, que lo único que tiene que hacer es ponerse humildemente bajo la guía del Espíritu.


Pautas de reflexión y actuación

Te invito a reconocer:

  1. El hábito de juzgar es una vanidad narcisista del ego.
  2. Detrás de cada sentimiento de fracaso, encontrarás una expectativa del ego.
  3. Cualquier miedo es siempre un espejismo del ego.
  4. Si te cuesta reconocer, el ego te atrapa con el orgullo.
  5. ¿Tienes suficiente confianza para abandonarte a la guía del Espíritu Santo?

Otros artículos de la serie sobre Crecimiento Emocional de Joan María Bovet publicados en Ciutat Nova

  1. Psicología de las emociones
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Joan Maria Bovet

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